Por mucho tiempo, en el inconsciente colectivo de diversas culturas, se ha arraigado la idea de que ser un «hombre de verdad» es sinónimo de autosuficiencia, fuerza y emociones impenetrables. Esta imagen de individualismo se traduce en la creencia de que los hombres admirables son aquellos que pueden lograr cualquier cosa sin ayuda, lo que, a su vez, refuerza la idea de que depender de otros es un signo de debilidad. Este mito del «héroe solitario» es una perspectiva antigua que, aunque no representa a todos los hombres, sí se ha normalizado culturalmente.