Cuando escuchas hablar del Día de Acción de Gracias o Thanksgiving, ¿qué viene a tu mente? Tal vez has visto en las películas que se celebra con una gran cena acompañada de pavo y rodeada de amigos y familiares; pero esto no siempre fue así.
La primera cena de Acción de Gracias se llevó a cabo en Massachusetts en 1621, en 1863 el presidente Abraham Lincoln lo declaró como una festividad nacional, pero hasta 1941 el Congreso de los Estados Unidos fijó su fecha definitiva para el cuarto jueves de noviembre, tal como se celebra hasta hoy.
En Latinoamérica no tenemos un día especial para agradecer; en Colombia, por ejemplo, nuestro fin de año está lleno de buñuelos, natilla y listas de metas por cumplir, pero pocas veces separamos un momento para simplemente dar gracias. ¿Qué pasaría si hiciéramos de la gratitud parte de nuestra vida? ¿Y si creáramos una tradición familiar en la que recordemos que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios como un regalo?
La vida diaria en ocasiones se parece a una carrera frenética en la que olvidamos agradecer de corazón por cada día que vivimos, y los empezamos a ver como “normales” grandes maravillas, pero, si te detienes a pensar: vivir es un gran milagro. Es por eso que quienes han estado más cerca de la muerte pueden agradecer de manera más consciente cada detalle a su alrededor. Le pasó a Stella Ríos, una sobreviviente de cáncer, que aprendió a agradecer cosas tan cotidianas como poder disfrutar los alimentos.
Fue en el año 2022 que los médicos descubrieron cáncer en el estómago de Stella y le indicaron que le quedaban pocos días de vida. En medio de ese diagnóstico, Stella aprendió que se puede agradecer en medio del dolor más grande, y comenzó a ver los «pequeños» detalles de Dios por los que pudo vivir un milagro.
Entre cirugías, quimioterapias y exámenes, siempre hubo momentos de gratitud: como cuando le pidió a Dios que la quimioterapia no le quitara sus pestañas y cejas, ¡y así fue!; o cuando consiguió una cama en una clínica que no cubría su póliza; o cuando su estómago volvió a funcionar después de una cirugía de más de 8 horas. Stella y su familia terminaron el proceso agradeciendo a Dios en cada paso.
Lo que Stella vivió en su propio cuerpo tiene una explicación científica: La antropóloga Sarab Rey explica que cuando nos enfocamos en aquello por lo que estamos agradecidos, el cuerpo genera reacciones químicas que se sienten en el estómago, en el sistema circulatorio y hasta en la respiración. Es decir, agradecer no es solo una emoción bonita, ¡es química pura moviéndose por todo tu cuerpo!
Según cuenta Sarab, en un estudio de la Universidad de Berkeley se demostró que la práctica de la gratitud diaria es la actividad con mayor y mejor impacto a corto, mediano y largo plazo en la salud mental de las personas, porque fuerza al cerebro a enfocarse en lo bueno. Si quieres experimentar los beneficios de la gratitud, comienza a practicarla de forma intencional, diariamente, a solas y con otros y, ¿por qué no? crea un evento específico en el que agradecer sea el centro.
«Hay que ser agradecidos y dar gracias a Dios por todo, porque muchas veces es fácil agradecer lo bueno, pero cuando llega lo malo creemos que Dios nos está castigando»”. Stella Ríos.
Celebrando las bendiciones
- Agradece por todo: enfócate en lo bueno de manera intencional, pero si algo sale mal ¡Agradece también! Aunque es contrario a lo que se espera, tu cerebro aprenderá a ver oportunidades en medio de la dificultad. Den gracias a Dios pase lo que pase. Así desea Dios que vivan los que pertenecen a Cristo Jesús, 1 Tes 5:18 (MSG).
- Agradece diariamente: lleva un diario en el que cada día anotes 3 cosas por las cuales estás agradecido.
- Agradece con palabras: ¿Alguien te hizo sentir bien? Déjale saber tu gratitud con palabras o detalles, que sea notorio. Agradecer es sembrar una semilla que cambia el día de una persona y florece en la vida de otros.
- Agradece pasando tiempo con Dios: iniciar un devocional en tu aplicación digital de la Biblia es otra forma de ejercitar la gratitud. Podrás encontrar planes desde 3 hasta 40 días.
- Agradece por tu cuerpo: Stella Ríos aprendió esto: «cada mañana bendigo mi corazón, mis pulmones, mis manos, mis ojos, mi cabello y todo mi cuerpo».
Agradecer con otros
Preparen algo que les guste a todos, si es posible, cada uno puede apropiarse de una parte de la cena: la proteína, la ensalada, el postre, etc. De esta manera, al disfrutar de los alimentos, daremos gracias a Dios por su provisión, pero también a cada persona de la familia por encargarse de traerlos o prepararlos.
También pueden intentar estas actividades para practicar la gratitud todos juntos:
Cápsula del tiempo: el último día de cada mes, guarden notas, fotos o dibujos de algo por lo cual estuvieron agradecidos durante ese mes. Determinen un día para abrir la cápsula y recordar todo lo bueno que han vivido.
Juego de la rosa, la espina y el capullo: durante la cena o después de ella, cada miembro de la familia agradece por turnos:
– Rosa: lo mejor del día.
– Espina: un reto o momento difícil.
– Capullo: algo que aún no ha llegado.
Notas de gratitud: adecuar un lugar en casa en el que se puedan pegar notas de gratitud los unos a los otros.
“La gratitud provoca la sintonía con el corazón de Dios”. Pastor César Palacios en su libro Crisis.







