Si hay una imagen que refleje con claridad cómo se ve un buen trabajo en equipo, es el momento en que un carro de Fórmula 1 entra a los pits. Una coordinación tan precisa que, cuando se ejecuta bien, acerca al éxito, pero en la que un pequeño descuido puede significar un costoso fracaso para toda la escudería. Por eso, no es extraño que Edwin Castro, coach internacional para líderes y empresarios, utilice esta ilustración para explicar la importancia de que todo líder invierta en sus colaboradores, de manera que pasen de ser solo un grupo de profesionales con capacidades particulares a convertirse en un verdadero equipo que alcance la sinergia que hace posible lo que, de manera individual, sería inalcanzable.
Roles y responsabilidades definidas: la claridad en el papel que cumplen y el alto sentido de la responsabilidad hacen que cada miembro de una escudería, además de hacer lo que le corresponde, ejecute su tarea con el nivel de excelencia de quien entiende que un fallo implica afectar a todos los demás.
Comunicación estratégica: dado que la labor de los pits se resuelve en fracciones de segundo, el grupo de personas involucradas necesita desarrollar una sintonía en la comunicación, que incluye tanto el lenguaje verbal como el no verbal. Esto se logra porque existe confianza, también conocida en el entorno empresarial como «seguridad psicológica».
Coordinación que se logra con repetición: la Fórmula 1 cuenta con flujos de trabajo visuales que les permiten memorizar tanto los circuitos como los métodos. Cuando cada miembro del equipo tiene una misma imagen del objetivo que se quiere lograr, se facilita la toma de decisiones y el avance hacia las metas, se reduce el error y se agilizan los procesos. El reto está en que estas imágenes no se queden pegadas en algún muro o carpeta, sino que hagan parte vital de la resolución de problemas cotidianos.
Decisiones basadas en datos (sin dejar de lado la intuición): los monoplazas de Fórmula 1 están llenos de sensores que envían datos para analizar. Es con base en estos datos que las personas del equipo toman decisiones sobre lo que se debe hacer. Sin embargo, eso no significa que se deje de lado la intuición (aquí es donde la comunicación entra de nuevo en juego), porque hay ocasiones en las que es el piloto el que intuye lo que puede ocurrir y depende de la confianza y la correcta transmisión de información evitar un error y optimizar una oportunidad.
Líder: recuerda que la posición que tienes, más que el poder de mandar a otros, te otorga la capacidad para determinar la cultura de tu equipo. En otras palabras, con tus acciones, palabras y silencios estás marcando lo que es importante y lo que no lo es.
Conocimiento profundo: Unido a los flujos de trabajo visuales, en la Fórmula 1 existe una cultura de conocimiento especializado, en la que cada miembro del equipo, una vez que comprende su función, se compromete con un dominio profundo de ella. Esto, a su vez, fortalece la confianza al momento de recibir instrucciones. Por esa misma razón, cada escudería prioriza el desarrollo del talento de cada uno de sus integrantes, impulsando la innovación y la capacitación constante.
El protagonismo pasa a un segundo plano: sí, hay un piloto que sube al podio, recibe el premio, posa para las fotos y sonríe; pero lo que hace que eso sea una realidad es que, detrás, existe un grupo de personas tan comprometidas con el logro de los objetivos que permiten que esto sea posible. Una realidad que se alcanza con trabajo continuo.
Medición constante: la motivación no puede ser el impulso del trabajo en equipo. En su lugar, la medición para responder a la pregunta «¿cómo estamos?» respecto a las demás escuderías y el análisis cuidadoso de lo que se está haciendo, con miras a ser cada vez mejores, son bases sólidas desde las cuales se alimenta el espíritu competitivo y se orienta al éxito.
Líder: si quieres que tus colaboradores tengan la eficiente respuesta rápida ante momentos críticos que ves en un equipo de F1, debes proveer un entorno de confianza y una cultura de conocimiento, en la que cada miembro tenga la suficiente autonomía para tomar decisiones en pro de resolver los problemas que le atañen.
Los detalles son vitales: una pequeñísima pieza fuera de lugar puede significar la muerte de uno o varios miembros del equipo. Esta realidad de la F1, además de alimentar el alto nivel de responsabilidad de cada uno de sus integrantes, les entrega a los detalles el valor que tienen: «de vida o muerte». Si cada colaborador supiera el valor que tiene la tarea que realiza, al punto de poner suficiente atención a los detalles de su labor, el resultado final sería completamente diferente.







