Para muchos, el Mundial de fútbol es una temporada especial y atípica que rompe con la cotidianidad. Durante este mes, las agendas se ajustan a los horarios de algunos partidos; las conversaciones giran en torno a los equipos, las estrellas, los estadios y todo lo que pasa día a día… Es común que las emociones estén a flor de piel por todo lo que está ocurriendo en el torneo de selecciones más importante del planeta. Pero, en medio de toda esa emoción, aparece una pregunta importante: ¿cómo disfrutar del fútbol sin descuidar lo verdaderamente esencial?
Para Carlos Olmos, director del área de capacitación de la iglesia El Lugar de Su Presencia y voz principal del programa Que Ruede la Pelota de Su Presencia Radio, la «fiesta del fútbol» no tiene por qué ser un campo de batalla que enfrente la fe con la armonía familiar.
«El profe», como cariñosamente se le conoce, es un hombre apasionado por Dios, por la iglesia y por la familia, pero también por el deporte. Ha tenido la experiencia de haber vivido presencialmente las copas de Brasil 2014 y Qatar 2022, y entiende la intensidad de esta pasión. Pero, mientras se desarrolla este Mundial, su mensaje es claro: el éxito de un hombre durante este mes no se mide por cuántos partidos ha visto, sino por cuántos «goles de bendición» está anotando en su propio hogar.
Al fútbol, lo que es del fútbol; y a Dios, lo que es de Dios
Carlos Olmos no oculta su emoción por el fútbol. Al analizar las selecciones, destaca el nivel de equipos como España, Francia y Argentina (y también se preocupa un poco por Colombia). Olmos califica este evento como un «regalo» para disfrutar. Sin embargo, su primera advertencia es que el Mundial no esté por encima de nada que sea prioridad en nuestra vida. Para Pelufo, disfrutar bien del Mundial no tiene nada de malo, si se hace con un corazón responsable, maduro y alineado con Dios.
«No creo que Dios se ponga bravo porque veas fútbol; no imagino a Dios contando cuántos partidos llevas para enojarse contigo. Sin embargo, sí creo firmemente que a Dios hay que darle el primer lugar», afirma Carlos, con la convicción de quien sabe que, sobre los partidos, la prioridad es la relación con Dios. Su recomendación para este tiempo es: orar todos los días, leer la Biblia y asistir sin falta a la iglesia. Para Carlos Olmos, esto es «innegociable».
Hablando de este punto, Pelufo es enfático al decir que algo que no puede suceder es dejar de asistir a la iglesia por ver un partido. De hecho, recuerda con especial cariño una ocasión en la que el pastor Andrés Corson, pastor principal de su iglesia, permitió que se proyectara un tiempo de un partido de Colombia en las pantallas de la iglesia. También recuerda que el pastor Andrés decía: «Prefiero que la gente vea el partido dentro de la iglesia y no fuera de ella». Para Carlos, esto resume la madurez espiritual: vivir la emoción en familia y bajo la cobertura de Dios, sin permitir que el deporte se convierta en un ídolo que desplace lo más importante.
El “juego limpio” en el matrimonio: llegar a acuerdos y hacer sacrificios
Uno de los mayores desafíos para el aficionado al fútbol es no dejar de lado las responsabilidades con su hogar por ver un partido. Para Carlos Olmos, el principio clave es el equilibrio. No se trata solo de ver fútbol, sino de cómo se honra a la pareja en el proceso. Para el Profe, las mujeres deben ser conscientes de que el Mundial ocurre cada cuatro años y es algo que atrae mucho el interés del hombre; pero, a su vez, el hombre no debe olvidar que el matrimonio es para toda la vida.
«No me parece justo con las mujeres que uno se dedique solo al fútbol y ellas queden relegadas. Hay que tener acuerdos y negociaciones», explica. Para él, ganar “puntos” con la esposa implica proactividad. Si hay un partido “imperdible” que se desea ver, Pelufo recomienda compensar ese tiempo con calidad.
«Si yo quiero ver un partido importante… debo ser consciente de que también debo dedicarle tiempo de calidad a ella. Yo mismo planearé llevarla a cenar ese día. Y, por amor a ella, durante esa cena dejaré el celular a un lado… e incluso le daré la espalda al televisor del restaurante para que ella se sienta importante». Esta actitud de madurez y sacrificio mutuo es, según Carlos Olmos, lo que define a un hombre conforme al corazón de Dios.
Tácticas para el manejo del tiempo
Ante este nuevo formato de 48 selecciones y un calendario bastante lleno de partidos, Carlos Olmos ofrece consejos prácticos para no morir en el intento de seguir el torneo mientras se cumplen las responsabilidades laborales y familiares:
● Pide vacaciones: si eres muy apasionado, y no te quieres perder las emociones de cada partido. Carlos sugiere que programes vacaciones para la fase final del torneo y disfrutar sin culpas ni distracciones.
● Selecciona los partidos: no es necesario verlos todos. Identifica esos partidos “imperdibles” y de alto nivel, y deja los de “relleno” para informarte con los resúmenes o notificaciones de aplicaciones móviles.
● La tecnología está a tu favor: las plataformas te permiten ver los juegos en modo replay en las noches o existen muchas maneras en las que puedas ver el resumen con los goles y las mejores jugadas.
● Adelanta tareas: ayuda con el aseo y las tareas del hogar antes de que empiece el partido que quieres ver.
La madurez que debe tener un hincha
Un punto vital que Carlos Olmos resalta es la estabilidad emocional de quien es un seguidor de Jesús : «No podemos permitir que nuestro estado de ánimo dependa de si la Selección Colombia gana o pierde, al punto de estar “achantados” o enojados con Dios por un resultado deportivo».
El Profe invita a los hombres a ser «jugadores activos» en sus responsabilidades y no meros espectadores pasivos en sus hogares. El Mundial debe ser un motivo de unión, una excusa para armar un asado, compartir con amigos y familia, y celebrar la alegría que Dios permite a través del deporte, siempre y cuando el orden de las prioridades sea el correcto.
Seamos campeones de lo eterno
Al final del día, cuando las luces de los estadios se apaguen y la anhelada copa sea levantada por la selección campeona, lo que quedará en nuestras casas será el legado que construimos durante este mes. El mensaje final de Pelufo es un llamado a la trascendencia.
«Así como nos apasionamos por un equipo o por una selección, seamos apasionados por nuestra familia. Busquemos ser “verdaderos hombres” en nuestro hogar. El Mundial es pasajero, pero el legado que dejamos como padres y como esposos es para siempre, es eterno».
Los verdaderos triunfos también suceden en silencio: cuando un hombre decide honrar a Dios aun en medio de sus pasiones, cuando escoge mirar a su esposa a los ojos en lugar de mirar el marcador, cuando juega con sus hijos antes de encender el televisor o cuando entiende que el amor se demuestra en detalles pequeños y constantes.
«El Mundial es pasajero, pero el legado que dejamos como padres y como esposos es para siempre»







