La mayor fortuna de Ana María Estupiñán: ser mamá

Por: Camila Borda

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La actriz Ana María Estupiñán comparte cómo su fe, su matrimonio y la espera de su hijo Emanuel transformaron su vida.
534-ENTREVISTA

La actriz colombiana Ana María Estupiñan sabe que es una mujer afortunada.

Pero su fortuna no radica en la oportunidad que ha tenido de interpretar personajes reconocidos en series como La niña, telenovelas como Rigo o productos cinematográficos como Esmeralda; tampoco es por haber ganado un premio India Catalina.

Su verdadera fortuna ha sido crecer en una familia que, además de apoyarla en el desarrollo de sus dones artísticos, la animó a conocer a Dios de manera personal. 

En su memoria, junto al recuerdo de las distintas historias que ha interpretado, hay dos momentos que destacan. El primero fue en la iglesia, en una de las reuniones de oración que ella, en su adolescencia, percibía como aburridas y largas. «Una noche, cerré los ojos y le pedí a Dios que me mostrara si realmente existía. Sentí algo en mi corazón y empecé a llorar mucho. Fue un momento especial con el Espíritu Santo». 

El segundo momento fue cuando aceptó a Jesús en su corazón, justo durante la grabación de su primera novela. «Estaba con mi mamá y varios actores en un hotel. Durante la cena discutimos sobre la salvación. Me fui a la habitación y oré pidiéndole a Dios que entrara en mi vida; lo acepté como mi salvador y, después de eso, experimenté una gran paz. Ese fue el momento en el que comencé a caminar con Dios».

Ni la fama, ni los reconocimientos, la han librado de experimentar decepciones, pero en la Biblia ha encontrado un refugio seguro.

Entre sus versículos favoritos están el Salmo 126:5 que, en sus propias palabras, «me llena de esperanza y me recuerda que debo seguir sembrando con fe, porque un día recogeré los frutos de mi esfuerzo con alegría y gratitud», y Gálatas 6:9, que «me da fuerza para hacer el bien y honrar a Dios, incluso cuando enfrento dificultades. Me recuerda que Dios se encargará de que mi esfuerzo valga».

La experiencia de sus padres en la industria audiovisual, la mantuvo, tanto a ella como a sus hermanos, “con los pies en la tierra”.

Por eso no se deslumbra por los reflectores, sino por el amor de Dios que ha experimentado, de manera especial, en situaciones complicadas, como el accidente que la hizo replantearse tantas cosas. «Me permitió volverme más consciente, pedir perdón y ser agradecida.

Entendí que es mejor perder algo material que perder el corazón y la humildad. Pienso que en ocasiones Dios permite que caigamos, para que entendamos lo que estamos haciendo mal, y para recordarnos que necesitamos su guía, su confianza y su perdón».

«Anita», como le dicen sus allegados y colaboradores cercanos, participó en MasterChef Celebrity y, aunque no fue finalista, tiene hoy lo que para algunos chefs es más difícil de alcanzar que una estrella Michelín: una familia conformada.

Está casada hace siete años con el empresario colombo-sueco Mattias Bylin y el año pasado anunció que estaba embarazada de un niño. Tuvimos la oportunidad de entrevistarla sobre esta nueva etapa y a muy pocos días del nacimiento de su primer hijo, Emanuel, esto fue lo que nos contó. 

¡Mi fe en Dios ha crecido un montón!. Estuvimos cuatro años esperando esa noticia y tuvimos tanto altibajos emocionales como momentos retadores, porque cuando pasan los años y no ves lo que estás esperando, te desanimas mucho. Además, me accidenté hace un tiempo, y eso trajo más presión.

Tuve una temporada emocionalmente difícil, pero también fue muy especial, porque allí recibí la promesa de que mi bebé iba a venir, y eso me sostuvo. Pasar por ese momento me hizo madurar y crecer en mi fe; avancé en muchos aspectos y me fortalecí, tanto en la espera, como cuando tuve que superar situaciones difíciles. Traté de estar tranquila y, como todo lo que hacemos, le entregamos ese sueño a Dios.

Ya me había hecho muchas pruebas de embarazo cuando tuve ese retraso, lo cual no es usual en mí; así que me hice otra prueba y resultó negativa. Quedé súper triste; sin embargo, la semana siguiente empecé a sentirme distinta: mi estómago estaba diferente y el retraso ya era más largo.

Luego de contarle a mi hermana, decidí hacerme dos pruebas más y ambas salieron positivas. ¡Fue emocionante! Al tercer día llegaron todos los síntomas: las náuseas, el malestar y la sensación de que mi cuerpo estaba cambiando.

Pensé que sería niño. La promesa de que iba a tener un bebé hablaba de Emanuel, un nombre masculino que alude a Jesús. Siempre me ha gustado mucho ese nombre; cuando hablábamos de hijos, incluso antes de casarnos, le dije a Matti (mi esposo) que era el nombre que le quería poner a nuestro bebé. 

Apenas me enteré de la noticia, me acordé del nombre. Fue un sentimiento muy fuerte que  tuve presente durante varios meses y, aunque no le hablé como niño hasta que tuve la seguridad de que lo era, me conmovió sentir que Dios me había hablado de forma tan clara y directa. 

Emanuel significa «Dios con nosotros», y para mí representa una oración contestada y una promesa cumplida.

Hablo con mi hijo todo el tiempo. Le cuento qué vamos a hacer, hacia dónde vamos y le pregunto cómo está. Siento que tenemos una gran interacción. He notado que disfruta que le cante; creo que también le gusta la música porque, cuando la pongo, él comienza a moverse. 

Todo lo que uno le dice a los bebés, aunque parezca que no son tan conscientes, hace una gran diferencia. Las palabras crean un impacto; por eso es prioridad para mí decirle que es valioso, que lo estamos esperando, que es muy deseado, que con papá lo amamos, que Dios lo ama, que él lo creó y lo cuida; que en esta casa lo están esperando sus abuelos y sus tíos. Incluso le hablo de que nuestras perritas también lo están esperando.

Matti también le habla en sueco, queremos que él aprenda ese idioma desde pequeño y que lo domine tan bien como el español. 

Quiero ser una mamá presente, estar involucrada en su desarrollo y crecimiento, ser parte de todo lo que descubra cuando esté en esa etapa de exploración. Quiero dedicarle mucho tiempo y que recuerde que sus papás siempre estuvieron presentes en sus juegos. 

Con Matti hemos hablado mucho de que queremos que él sienta que nosotros somos su lugar seguro. Algo que soñamos hacer es leerle, porque es lo que incentiva la creatividad y la imaginación y, por supuesto, queremos afianzar en él, la necesidad que todos los seres humanos tenemos de Dios: que sea un niño que crezca sabiendo que hay un Dios, que lo ama, lo cuida y lo protege. 

He tenido un embarazo tranquilo y lindo. Gracias a Dios, he podido disfrutarlo mucho. Todas las ecografías y los exámenes han salido bien, me siento muy agradecida. Tenemos un niño sano, que está  bien de peso y está creciendo como debe ser; no hemos tenido ninguna preocupación. 

Creo que voy a extrañar tener a mi bebé dentro de mí y sentir que lo estoy protegiendo, que todo lo que como lo alimenta y todo lo que hago lo vuelve más fuerte. Voy a extrañar tener esta “barriguita” y estar con él siempre; pero lo bueno es que he disfrutado al máximo este embarazo. Sí, hubo días que no podía pararme del mareo, pero considero que ha sido un buen embarazo, tuve mucho malestar el primer trimestre, pero el resto del tiempo fue maravilloso. 

Mi mamá es mi partera. Ella es la principal razón por la cual mi bebé está en posición y listo para nacer de la forma en la que siempre he soñado, es decir, un parto natural sin ningún tipo de intervención ni medicamentos. Ella ha sido un acompañamiento para Matti y para mí, porque el embarazo es una etapa de dos, y hemos seguido todos sus consejos. Yo he hecho todos los ejercicios y comido todo lo que nos recomienda, para que el parto sea mejor. 

Cuando Emanuel nazca, quiero envolverlo así como mi mamá lo hizo con mis hermanos, conmigo y con mis sobrinas, me parece hermoso que se sientan como cuando estaban en la “barriguita”, aunque eso será solo por algunas semanas. 

Algo que me parece importante, y recomiendan mucho las abuelas, es cuidarme en la dieta: permitirme esos cuarenta días para que el cuerpo se recupere y vuelva a su forma. Es algo que voy a tener súper presente para evitar futuros problemas de salud.

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