Sal del viernes, muévete al domingo

Por: Andrés Vargas

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Nuestra Editorial de la edición #97, es una reflexión inspiradora sobre el significado de la resurrección de Jesús y cómo pasar del dolor y la incertidumbre a una vida renovada, llena de esperanza, propósito y fe.
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Hace tres semanas estuvimos celebrando y recordando el fin de semana de la cruz. El viernes —conocido como Viernes Santo— representa la muerte de Jesús: el dolor, la pérdida y el aparente final. Ese día, los discípulos estaban escondidos, llenos de miedo, sintiendo que todo por lo que habían apostado se había derrumbado. El sábado fue diferente, pero no mejor: silencio, confusión e incertidumbre. No había respuestas, solo preguntas.

Pero el domingo, día de Resurrección, lo cambia todo: la vida vence a la muerte, la esperanza reemplaza la desesperación y lo que parecía terminado comienza de nuevo. Los mismos discípulos pasaron del temor al asombro y, luego, a una esperanza renovada.

No está aquí, pues ha resucitado. Mateo 28:6 (NVI)

Este no es solo un evento que se deba recordar una vez al año; es una realidad que sigue hablando hoy.

Muchas personas viven en su propio «viernes»: cargando culpas, atravesando dolor, lidiando con confusión o miedo. Es ese lugar donde parece que algo murió —un sueño, una relación, una etapa— y no hay claridad sobre lo que sigue. Otros viven en el «sábado»: un punto intermedio donde no todo está roto, pero tampoco restaurado. Es la espera, el cansancio, la sensación de estar avanzando sin dirección. Pero el mensaje central del Evangelio es claro: la historia no se termina el viernes.

La Resurrección abre la puerta a una vida nueva. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17 (RVR1960). Esto implica una decisión: dejar de vivir desde lo que murió y comenzar a vivir desde lo que ha sido restaurado.

Salir del viernes no significa negar el dolor, sino negarse a habitar en él. Es reconocer que la pérdida, el miedo, el fracaso o la soledad no tienen la última palabra. Salir es soltar la culpa y enfrentar la herida; es dejar atrás el peso de nuestros errores al reconocer que Jesús ya cargó con todo en la cruz para que nosotros podamos avanzar, finalmente, hacia la vida.

El domingo representa esperanza, restauración y propósito. Es el lugar donde Dios levanta lo que parecía perdido y da un nuevo comienzo. La tumba sigue vacía; la Resurrección sigue vigente. La invitación permanece: sal de ese viernes, muévete al domingo.

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia que no se puede destruir, contaminar o marchitar. 1 Pedro 1:3-4 (NVI)

En una edición dedicada a las mujeres, al mes de las madres y al valor de su labor silenciosa y constante, este mensaje cobra aún más sentido. Porque muchas han vivido sus propios «viernes»: momentos de entrega, dolor y sacrificio que pocas veces se ven. Han pasado por «sábados» sosteniendo la fe en medio del cansancio y la incertidumbre. Pero también están llamadas a vivir su «domingo»: ese lugar donde Dios restaura, fortalece y renueva; donde el amor que entregan también es sanado, donde su vida encuentra equilibrio y donde su propósito se sostiene desde la plenitud.

Deseo que cada artículo de esta edición sea una herramienta práctica para tu vida y te motive a restaurar lo que Dios tiene para ti. No olvides visitar nuestra página web ttcrevista.com para disfrutar de nuestra edición digital y encontrar más contenido que edifique tu corazón. Que esta lectura te fortalezca, te inspire y te acompañe en este tiempo de decisiones en tu vida.

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