En la era de la hiperproductividad, muchos vivimos agotados y con sentimientos de culpa por no lograr «algo más», con la agenda llena y el corazón vacío. Cuando el tiempo libre y el descanso parecen un lujo, las compras innecesarias se convierten en un refugio para sentir alivio, validación, que vale la pena tanto esfuerzo y hasta un poco de «felicidad».
Pero, ¿cómo evitar que ese consumo termine consumiéndote? Aquí te compartimos las ideas y recomendaciones de la psicóloga Johana Andrea Velásquez Roa, especialista en salud mental, emocional y espiritual, para ayudarte a poner límites al estrés, la ansiedad, y la depresión, sin caer en compras compulsivas.
Vivimos cansados… vivimos comprando
Andrea Velásquez, en su consulta, ve cada vez más «una sociedad cansada, afanada y autoexplotada por lograr valores impuestos por el mercadeo moderno de consumo excesivo que prometen felicidad». La exigencia permanente de producir, rendir y «aprovechar el tiempo», se ha convertido en algo que vive con nosotros, por lo que el descanso se percibe como «pérdida de tiempo» y una pausa como una «amenaza» al éxito.
En ese ambiente aparece el consumo como una recompensa: «¿para qué trabajo?, me lo merezco», «no puedo perder tiempo, la vida es una sola». Por eso, la tarjeta de crédito, las compras en línea y los «gusticos» se convierten en una forma de decirnos a nosotros mismos que lo estamos haciendo bien, la vamos logrando, no estamos rezagados comparados con quienes están en nuestro círculo social.
El problema es que este alivio es artificial y dura poco, así que cuando pasa la inyección de «felicidad artificial» volvemos a necesitarla, la sensación de vacío vuelve después del viaje soñado, seguida de culpa o «guayabo financiero», que genera estrés y presión financiera para trabajar más y pagar lo que se gastó. Reforzando el círculo vicioso: hiperproductividad para obtener mejores ingresos o un ascenso y poder consumir más, y consumo para resistir o soportar el ciclo de hiperproductividad.
Hiperproductividad y consumo compulsivo
Para Andrea, ambos se relacionan desde el refuerzo de los mismos valores que promueve el mercadeo moderno; estatus, aprobación, seguridad y una aparente autorrealización. Esos valores no se comunican sólo en palabras sino a través de la creación de imágenes mentales, experiencias y mensajes cargados de emociones como: «debo esforzarme para alcanzar el estatus y reconocimiento que me hará feliz», «si viajo por el mundo, seré feliz», «si compro la casa o el carro que quiero, seré feliz».
El mensaje de fondo es claro, tu valor personal crece a medida que produces más y tienes más. Si logras el ascenso, si compras el carro, si vistes ropa de marca, entonces serás admirado, serás respetado, serás «alguien». La psicóloga resume esto en una expresión clave: «el síndrome de la inmediatez», acompañado de creencias superficiales que los medios y las redes sociales promueven.
En lugar de un proceso lento de construcción de identidad, propósito y carácter desde la perspectiva de la palabra de Dios, la cultura nos ofrece soluciones rápidas: «trabaja más», «gana más», «compra más». Pero mientras perseguimos esa promesa, crece cada vez más la sensación de que nunca es suficiente. La autorrealización se ve un poco más lejos, en la próxima compra, en el próximo viaje, en el próximo logro, en la casa o el carro de mis sueños.
Señales de alerta
El lenguaje actual en los medios de comunicación podría resumirse en la siguiente frase: «tu valor personal es directamente proporcional a tu nivel de productividad». Bajo esa lógica, la psicóloga Andrea Velásquez nos recomienda que antes de comprar algo, debemos revisar la motivación de fondo. ¿Quiero comprar ese celular porque lo necesito, o porque es el de moda, o porque es mejor que el de mi amigo o porque puedo y me da estatus?
Estas preguntas revelan si se trata de una compra innecesaria, guiada más por la comparación, por demostrar capacidad o por simple estatus, que por una necesidad real. Para que te evalúes de manera honesta, Andrea Velásquez nos propone tres preguntas sencillas, pero poderosas:
- ¿Es útil? (para evitar la acumulación)
- ¿Es necesario? (para revisar su verdadera funcionalidad)
- ¿Lo puedo pagar? (para evitar deudas que generan ansiedad)
Si alguna de tus respuestas a cualquiera de estas preguntas es «no», debes detenerte y pensar mejor tu compra. Si hay emociones fuertes presentes al momento de comprar (ansiedad, tristeza, envidia, rabia, etc.), esto también es una señal de alerta. El consumo empieza a consumirnos cuando dejamos de decidir con criterio y dejamos que el impulso nos lleve a tomar decisiones.
Comparación con «las vidas perfectas»
Según la psicóloga Velásquez, en consulta ha podido descubrir que muchas de las creencias erradas de sus pacientes se han desarrollado desde la comparación constante con otros. Ella nos dice que las redes sociales mal usadas y un algoritmo ya entrenado para mostrar «vidas perfectas, cuerpos perfectos, trabajos perfectos», se convierten en detonantes de ansiedad, depresión y trastornos de conducta alimentaria.
Así las personas ya no trabajan solamente para pagar las cuentas, sino para intentar llevar el estilo de vida que ven en sus contactos o en los influencers que siguen. «Yo también tengo que lograrlo». Por eso, la psicóloga nos sugiere hacer un detox de redes sociales por un tiempo, conectar con personas reales, crear espacios sin dispositivos digitales y llevar un diario de gratitud, en donde agradezcamos a Dios por 3 cosas al terminar el día, como una forma de enfocarnos en lo que nos ha dado y no en lo que nos falta.
Romper el ciclo
La buena noticia es que este ciclo no es una condena eterna, pero para romperlo sí es necesario tomar decisiones conscientes. La psicóloga nos propone varias herramientas que podemos comenzar a aplicar:
El filtro motivacional. El primer paso es ser honesto con uno mismo. Para ello es importante responder algunas preguntas como:
- ¿Qué me motiva a comprar esto?
- ¿Por qué quiero pasar el fin de semana trabajando?
- ¿Qué espero sentir o demostrar con esta decisión?
Según las respuestas, Andrea nos recomienda trazar objetivos concretos y alcanzables. Por ejemplo: Reducir el exceso de horas laborales y ocupar esas horas en actividades para conectar con otros o evitar viajes que generen deudas altas.
Detox de redes y espacios de calma. Es bueno en algunos casos abstenerse de pasar tiempo en redes durante un lapso prudente, para abrir espacios de calma sin dispositivos, y disfrutar de nuevas actividades que apaguen el ruido y reduzcan la velocidad de los días, como: caminar, leer, orar.
Planeación financiera y objetivos de compra. Otro elemento del plan, es el manejo de las finanzas de manera responsable. La psicóloga, habla de establecer planes de ahorro y objetivos de compra a largo plazo, basándose en necesidades reales no en impulsos.
Anticipar obstáculos psicológicos al cambio. Al intentar cambiar nuestra relación con el trabajo y el consumo podemos encontrar varios obstáculos internos. De acuerdo con Andrea, los más comunes son los pensamientos intrusivos como: «no puedo», «empiezo el otro mes», «no es tan grave», «¿solo trabajo?, ¿sin recompensa?». Además de la baja tolerancia a la frustración y el deseo constante de comodidad y placer. Para enfrentarlos, sugiere eliminar cada pensamiento intrusivo o al menos identificarlos y restarles importancia. Así como nos indica que cada proceso de cambio requiere acompañamiento.
Acompañamiento profesional y procesos terapéuticos. Cuando el consumo compulsivo, la ansiedad, la depresión o el agotamiento se vuelven muy intensos, se recomienda consultar a un profesional.
Una relación sana con el trabajo, el descanso y el consumo
Dejar de esforzarse en el trabajo para caer en la mediocridad o la negligencia, como dejar de comprar lo necesario, no significa romper el círculo de la hiperproductividad-consumo. Se trata más bien de revisar qué lugar ocupan el trabajo y el consumo en nuestra identidad, nuestras relaciones y nuestra vida mental, emocional y espiritual. Significa preguntarnos si estamos usando el desempeño y las compras para ocultar vacíos, adquirir valor o huir del cansancio que se acumula.
Quizá el primer paso para que el consumo no te consuma sea hacer una pausa en tu próxima compra o en tu próxima decisión de trabajar tiempo extra. Pregúntate qué te motiva, si es útil, si aporta, si es necesario y pagable, y si esa decisión te acerca o te aleja de la vida que Dios pensó para ti. A partir de esta pausa, se abre la puerta para una relación más sana con el trabajo, con el descanso y con el consumo.







