Dieciséis meses después de despedir al 10 % de los empleados de su compañía para reemplazar su trabajo por IA, el director de Duolingo se disculpó públicamente, ya que los resultados de esta implementación no fueron los esperados. No es el único caso: Shopify, el banco suizo Klarna e incluso IBM han notado que los resultados de la IA todavía no se igualan a los que produce un humano de carne y hueso, utilizando la tecnología como complemento.
En contextos como este, la cultura de honor en las corporaciones hace la diferencia y los ejecutivos que la han implementado han visto un fortalecimiento en la relación con sus empleados, lo que deriva en una mayor productividad e incluso en la expansión de sus proyectos. Te contamos por qué deberías implementar principios de honor en tus relaciones de liderazgo y cómo aplicarlos de manera práctica.
Jesús Sampedro, escritor y consultor de liderazgo, en conversación con TTC Revista nos invita a redescubrir la relevancia del honor y la garantía de resaltar y acentuar las cualidades y los atributos del otro en su libro Código de Honor. Más allá de ser un concepto anticuado, él sostiene que el honor es la base de un liderazgo efectivo y de relaciones sanas, ancladas en principios bíblicos; lo cual tiene un efecto directo en el rendimiento y la moral.
Esta práctica no es un simple cumplido, sino un componente fundamental que fortalece y construye los vínculos entre colaboradores, empleados o discípulos; además establece una cultura de aprecio y valor que eleva el estándar de toda organización.
El honor va más allá de la dinámica grupal, constituye una respuesta de Dios al designio con el cual se nos encomienda administrar y liderar los procesos y recursos del planeta. Implica integrar y poner en conjunto los talentos, la sabiduría y las habilidades depositadas en nosotros por Dios.
Sentirse digno de honra por parte de Dios es un estímulo directo para desarrollar el propósito individual y colectivo para el cual hemos sido diseñados. En su libro, Jesús Sampedro nos brinda varios aspectos clave para ejercer un liderazgo donde siempre se otorgue la honra debida, tanto a discípulos como a equipos de trabajo, asegurando que el diseño divino se cumpla a través de la valoración mutua. Veamos estos principios con más profundidad y dedicación.
Honra vs. honor: la distinción del carácter
Es crucial que los líderes distingan entre honor y honra, una diferencia que se ha perdido en el lenguaje contemporáneo: «El honor es algo que yo construyo piel adentro, intrínseco. Son las cualidades virtuosas que acumulo. La honra es lo que recibo de otros, muy posiblemente por ese honor que he construido».
El problema cultural, señala, radica en que se le otorga honra a personas que carecen de honor. La propuesta del libro no es solo vivir una vida virtuosa que agrada a Dios, sino también aprender a honrar activamente a quienes viven de manera íntegra, algo que la Biblia exige con alta expectativa (apareciendo más de 300 veces en el Antiguo Testamento).
El mecanismo de la honra cambia con el tiempo. Honrar a los padres a los 8 años implica obediencia, mientras que a los 40 implica presencia y apoyo en sus necesidades. Este es un «mundo hermosísimo en el que todavía tenemos mucho que crecer», no solo en el ámbito empresarial, sino en cualquier lugar donde se busque construir una cultura de valor: la casa, la comunidad o la iglesia.
Sampedro cita Romanos 12:10 para establecer el estándar: amar a otros significa honrarlos a todos. Esto establece la honra como un intercambio: «Dios honra a los que le honran». Es un intercambio justo y un motor de la vida en comunidad.
El honor en la práctica: darle a cada quien su valor propio
¿Cómo se integra el concepto de honor, especialmente el bíblico, en las decisiones cotidianas del liderazgo? Sampedro define el honor con dos connotaciones base: el peso que le damos a algo o a alguien, y el esplendor o la gloria que se despliega. La acepción del «peso» es la más práctica para el liderazgo. Implica dar el peso adecuado y el valor justo a las personas. Un líder con honor:
Valora y pondera: Reconoce las habilidades de su equipo y los ubica en el lugar correcto para servir y desarrollarse. Según Sampedro, y apoyado en estudios de neurociencia, los seres humanos «tendemos naturalmente a criticar más que a elogiar». Por eso, el liderazgo honroso exige un esfuerzo consciente para ampliar nuestro vocabulario y habilidades para reconocer lo que la persona es, lo que hace, lo que ha logrado, y el potencial que Dios le ha dado.
Aprecia de forma integral: El aprecio no es solo verbal. Debe manifestarse en sistemas de remuneración justos, permitiendo la participación de sus ideas y promoviendo el crecimiento a largo plazo.
Arriesgarse a delegar: Finalmente, el honor exige coraje para empoderar. Si un líder cree en las capacidades de su equipo, delega responsabilidades y abre espacios para que se demuestren y ejerzan los dones que Dios le dio a cada uno. El honor se traduce en oportunidades y en ir encontrando distintas maneras de sacar adelante las alternativas más prominentes y estables.
La humildad: antesala del honor
Proverbios 18:12 lo deja claro: antes del honor está la humildad. Sampedro aborda este concepto crucial, a menudo malentendido o temido por los líderes, quienes pueden creer que compromete su autoridad, porque puede confundirse con falta de criterio o señal de debilidad humana.
La humildad, por el contrario, es el antídoto contra la arrogancia y el prejuicio. Abre la posibilidad de reconocer que otros pueden tener buenas ideas, saber más en áreas específicas, y tener un llamado de Dios para cosas fantásticas.
Sampedro ofrece una definición poderosa para el líder: la humildad no es «pensar menos de mí», sino «pensar menos en mí». Por ejemplo, la humildad es trasladar el centro de gravedad hacia las personas que están a nuestro alrededor. Esto es la liberación del egoísmo. Al servir a los demás y enfocarse menos en el propio ego, el nivel de virtud del líder aumenta.
El honor que recibe el líder, no es buscado, sino el fruto natural de una vida vivida con servicio e integridad. El código de honor es un acto de coraje que va en contra de la cultura de «cualquier cosa es lo mismo», de la que habla el tango argentino Cambalache, escrito por Enrique Santos Discépolo en 1934, y busca restaurar el valor de la virtud.
Manifestación de la honra: el poder de ver al otro
El honor no se agota en las palabras; es una manifestación práctica ligada a la confianza. Jesús Sampedro aborda el concepto de empoderamiento no como una moda, sino como el resultado directo de vivir un código de honor que erradica el egoísmo. Un líder que opera bajo este código no le tiene miedo a la frase: «me quitarán el puesto»; en cambio, se enfoca en la generosidad mutua y en desprenderse de algo en favor de otro.
Para empoderar genuinamente a su equipo, el líder debe distinguir cuatro pilares en cada persona:
- Lo que la persona es: su identidad y sus valores.
- Lo que la persona tiene: talentos, competencias, dones y conocimientos.
- Lo que la persona cree: sus convicciones y visión.
- Lo que la persona puede hacer: su potencial.
La prueba de la persuasión: Sampedro relata el caso de un amigo con un don especial para desescalar tensiones en minutos. Al reconocerlo públicamente y decirle: «Tienes ese don, úsalo al máximo, te otorgo el permiso para seguir adelante», el líder no solo valida, sino que empodera. Empoderar es invitar a la persona a llevar sus talentos al máximo nivel; es reconocer lo que Dios les ha dado y desafiarlos (retarlos) a ir más allá, superando el miedo a ser superados.
El Honor bajo presión: la transparencia en la crisis
La prueba de fuego para un código de honor es la crisis, como un recorte presupuestal o un conflicto dentro de la congregación. ¿Cómo honrar a un colaborador cuando el líder está limitado y no puede mejorar su situación?
1. La regla de oro: la transparencia: Según Sampedro, incluso un despido puede ser un mecanismo de honra si se maneja con transparencia y claridad. Ocultar información siembra desconfianza. El líder debe ser abierto y comunicar la dificultad, demostrando que está siendo intencional y confiable al buscar genuinamente la mejoría para su equipo. Si el equipo ve que el líder ha abogado por ellos en el pasado y esta vez hizo lo imposible sin éxito, la confianza permanece intacta. Un líder de honor nunca habla mal de nadie ni usa a la gerencia como chivo expiatorio para congraciarse con los subordinados.
2. Compartir el problema para buscar la solución: Sampedro cita un ejemplo empresarial en una crisis económica en Venezuela, en donde la gerencia sentó a los trabajadores y les dijo abiertamente: «Solo tenemos fondos para tres meses de salario. ¿Qué hacemos?». Al meter a la gente en el problema, se creó un consenso de realidad mutua. Los empleados acordaron un recorte salarial colectivo para extender la supervivencia de la empresa. Este acto no solo fue un caso de éxito estudiado por escuelas de negocios, sino que generó solidaridad y conexión entre los colaboradores.
3. El principio universal en el conflicto dentro de la Iglesia: en el contexto de la iglesia, el principio es universal: la mayoría de los problemas pueden evitarse si se hablan a tiempo. En un código de honor, la valentía para abordar las diferencias de inmediato es fundamental. El líder debe asegurar un ambiente donde las personas no dejen pasar mucho tiempo, creando conflictos imaginarios por falta de comunicación.
La manifestación más profunda del honor es la confianza en la adversidad, donde el líder demuestra que el valor de la persona no depende de la circunstancia económica o la aprobación externa.
El honor dentro de la resolución de conflictos
La necesidad de un código de honor se hace más evidente en la resolución de conflictos, en cualquier escenario de influencia. Sampedro afirma que la mayoría de los conflictos pueden evitarse simplemente estableciendo claridad sobre los valores, como la integridad, desde el inicio.
En una cultura de honor, las herramientas clave son:
- Disciplina bíblica: aplicar principios como «al amigo repréndelo en privado, pero alábalo en público».
- Habilidades de comunicación: aprender a solicitar, pedir, ofrecer y dar de la manera y el contexto adecuado.
- Humildad práctica: la capacidad de confesar un error y pedir perdón, y la capacidad de los demás de perdonar, son esenciales.
- No asumir, preguntar: esto disminuye drásticamente el conflicto.
La meta de instalar un código de honor es que la gente florezca, se distinga y logre los propósitos de Dios. Al final, tener una cultura de honor previene conflictos y, si surgen, provee las herramientas para resolverlos de la mejor manera, respetando la valía de cada persona involucrada.







