Steven y Lluvia Richards, Eccos de la bondad de Dios

Por: Camila Borda

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Conoce la historia de esta pareja de músicos que, a través de su proyecto artístico, comparte la bondad y la gracia de Dios, su llamado a la iglesia y una vida marcada por la familia, el matrimonio y la fidelidad en medio de los desafíos.
534-ENTREVISTA corta

Los primeros sencillos de Eccos se conocieron en 2023, pero las raíces de este proyecto musical se remontan a varios años atrás y están alimentadas por innumerables experiencias que Lluvia y Steven Richards han vivido.

Ambos son «chicos de iglesia»: los padres de ella pastorean Punto de Gracia en el estado de Monterrey y los de él iniciaron la congregación Comunidad Olivo, en Ciudad Juárez. Están convencidos de que su llamado es a las artes y a la iglesia. «De no vivir así, nos estaríamos traicionando», dice Steven.

Se hicieron novios cuando Lluvia tenía 17 años y se casaron dos años después. «Mi esposo no se puede quejar de mi carácter, porque él me crió», bromea ella. Inquietos por crear y apasionados por Dios, el aburrimiento no tiene mucho espacio en su relación.

Cuando estaban recién casados, iniciaron un movimiento junto al grupo de jóvenes de Comunidad Olivo. Se tituló Un Corazón, tendría una conferencia anual en la que se lanzaba un álbum, creció con los años y el resto es historia. Han enfrentado la profunda tristeza que significa recibir diagnósticos de infertilidad y han visto el poder milagroso de Dios en Lanz, su primer hijo, quien tiene ocho años.

Él es alto y muy blanco, un «güero» de ojos verdes con acento norteño; ella, más bajita, de ojos rasgados, facciones latinas y cabello oscuro. Él es chistoso y musical; ella, poética y visual. Él es reconocido por su genialidad en la producción musical (el Grammy que ganó Kintsugi en 2024 lleva su nombre en la placa); ella suele aportar a Eccos las letras y el concepto (amante declarada del arte, en sus redes sociales se pueden ver las distintas colecciones de cuadros que ha pintado por encargo). Pero la verdad es que, después de 12 años de casados, de compartir sueños para la iglesia, dos hijos, lágrimas, heridas y cicatrices que se vuelven canciones, todo es de ambos.

En 11 años se mudaron 12 veces. «En ocasiones, ni desempacaba porque quizá tendríamos que movernos de nuevo», cuenta Lluvia. En cada temporada, con equivocaciones o aciertos, se han encontrado con la gracia de Dios y han madurado: en su manera de ser, en la forma de ver la vida, la familia, la iglesia y en el arte que sale de sus manos y corazones.

Eccos hace referencia a que cada ser humano es un reflejo de Dios y repite (como un eco) aspectos de su carácter, belleza y mensaje. «No hay nada nuevo que pueda decir, pues todo lo bueno desciende de ti, pero mi vida puede repetir lo que has hablado», cantan en la canción Eco, de su álbum Cicatrices, que reúne canciones de tono contemplativo y personal, como esos salmos en los que el rey David le cuenta a Dios lo que le duele en el alma.

Sus nuevas canciones siguen teniendo ese sello orgánico, pero ya no son tan individuales. Tienen letras más sencillas y hablan mucho de Jesús: son canciones de adoración que todo creyente puede cantar en comunidad. «Ecclesia es el álbum que estamos trabajando y soñando. Es nuestra oración que pueda bendecir y servir a la iglesia. Esperamos que resuene en muchos corazones que aman exaltar el nombre de Jesús».

Conversamos con ellos durante su primera visita a Bogotá, con el tour Legado de Marcos Witt. Dejamos aquí lo mejor de esta conversación, centrada en lo que más aman: Dios, la familia y la iglesia.

Lo que Dios entregó en nuestras manos es la familia que ahora somos. Nos tomó algo de tiempo darnos cuenta de que no lo estábamos haciendo correctamente, dijimos: «Toda nuestra vida debe girar alrededor de cuidar nuestro matrimonio y a nuestros hijos, sin importar los cambios que vengan». Muchas cosas pueden pasar; Dios puede movernos de un lado a otro, pero incluso en la incertidumbre se puede determinar cuidar el corazón, el matrimonio y la familia, porque es de lo que él te va a pedir cuentas al final.

Cuando los niños salen de la escuela hasta que se duermen, queremos crear momentos memorables con ellos. En las noches, nosotros seguimos trabajando la mayoría de los días, vemos una película o hacemos algo juntos. Se trata de estar conscientes del tiempo, porque, si no planeas y no eres disciplinado, se te escapa.

Nunca queremos ser fieles a Dios en nuestro segundo, tercer o cuarto ministerio, descuidando el primero. Queremos que todo fluya desde una fidelidad en el primer ministerio hacia afuera. Hay muchas cosas por hacer para Cristo en el reino, pero que eso siempre sea después de cubrir las bases de nuestro primer ministerio.

Los niños practican el asombro de una manera fascinante, mientras más adulto te haces, más quieres racionalizar todo, entenderlo, organizarlo, incluso en la teología. A veces tratamos de estudiar la teología desde lo sistemático, diciendo: «No, es que Dios funciona así: A, B y C, en niveles». Y de repente llega un niño, se asombra de algo, y ves ese asombro puro y dices: «Al final, ese es el corazón que yo debería tener cuando pienso en la grandeza de Jesús, en su amor».

Claro que hay que estudiar; yo soy fan de estudiar teología y profundizar. Pero, al final del día, quiero dar un paso atrás del estudio y decir: «Sigo viendo a un Dios santo, soberano, que no voy a poder entender en su totalidad, pero que sí debo adorar con toda mi totalidad». Queremos imitar el asombro que los niños practican.

Somos aficionados a la gracia de Dios. Es ese momento en el que dices: «No tenías que hacer eso, Dios, y aun así lo haces». Creo que ni en la eternidad los ángeles lo entienden, porque poder decir: «Sublime gracia del Señor, que a un infeliz pecador salvó», es algo que ellos no pueden decir. Los humanos sí podemos hacerlo, y por una eternidad vamos a seguir maravillados.

Ni en la eternidad se responderá la pregunta: «¿Por qué nos amaste tanto?». Seguirá siendo un misterio y el regalo más grande de asombro para nuestras vidas.

Cuando nos casamos éramos completamente distintos. Teníamos muchas cosas en común: la música, los mismos autores, las mismas películas, y eso nos unió. Pero con el paso del tiempo, él se ha ido convirtiendo en una persona y yo en otra. Entonces, cuando hay momentos en la relación en los que piensas: «Es que no es la persona con la que me casé», es completamente cierto.

Pero tomaste una decisión, y el matrimonio es un pacto. Es decidir cada día amar a esta persona y reconocerla, en otras palabras: volverla a conocer. Cuando enfrentas ese choque de «no es la persona con la que me casé», no puedes caer en la frustración de pensar: «No va a funcionar», porque, gracias a Dios, somos diferentes a lo que éramos antes.

Hicimos un pacto el uno con el otro en nuestra boda, y eso es lo que vamos a perseguir. Vamos a pelear por nuestro amor, vamos a tomar decisiones intencionales para conocer a esta persona que ha cambiado. Obviamente, en todas las relaciones hay momentos difíciles, pero en cada temporada difícil hemos encontrado la gracia de Dios. En su gracia hemos hallado esos lugares donde vemos luz y decimos: «Vamos a conocernos, vamos a amarnos, vamos a decidir amarnos a través de esto». Y hemos visto la gracia de Dios cada vez que ha sido necesario.

Enfrentamos diferentes diagnósticos médicos que decían que no íbamos a poder tener hijos de manera natural. Fue un golpe fuerte al ánimo. A veces yo (Steven) estaba más triste y ella era fuerte; otras veces era al revés. En medio de eso, decidimos continuar con nuestra declaración de fe, con nuestro llamado y nuestra vocación de servir a la iglesia.

Antes de iniciar cualquier tratamiento, recibimos la noticia de que estábamos esperando a nuestro primer bebé, Lanz, que ahora tiene ocho años. Esa es una de varias pruebas que hemos enfrentado, en las que ha sido indispensable estar el uno para el otro. Pero, al final del día, Dios ha sido quien tiene la última palabra, y él ha sido nuestra fortaleza. 

Hay cosas que ya no estoy dispuesto a tolerar si van a afectar mi salud espiritual como esposo o como padre. Al mismo tiempo, hay áreas en las que estoy creciendo en paciencia. Quiero que me importe lo verdaderamente importante y que las cosas que no lo son ocupen su lugar. Muchas veces tendemos a invertir ese orden.

Frente a situaciones difíciles quieres ponerle un caparazón al corazón. Una de las lecciones más grandes para mí (Lluvia) ha sido darle a Dios mi corazón y saber que él me da la capacidad de hacerlo más grande, para amar a más personas y confiar en que él me cuida.

Sí, puedo lastimarme en el camino, pero no quiero endurecerme, porque te pierdes de mucho cuando levantas esa muralla: pierdes relaciones, amistades que Dios quiere darte, y tú mismo cierras esas posibilidades. Hemos dado muchos pasos, siempre queriendo seguir la voz de Dios para movernos, con la bendición de nuestras autoridades espirituales y de nuestros padres. Hemos procurado ser temerosos de Dios y de su palabra. Aquí estamos, amando a la iglesia en su imperfección, de la cual nosotros somos los primeros, y tratando de ser parte de los que cooperan con su embellecimiento hasta el día en que Jesús regrese.

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