Visión que permanece

Por: Valentina Sandoval

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Descubre cómo mantener una visión que permanece, poner a Dios en el centro de tus metas y aprender a perseverar en el tiempo. Recibe claves prácticas para soñar, actuar y permanecer firme en tu propósito con fe y constancia.
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El 1 de enero es el día en el que todo parece perfecto: tenemos ánimo, los hábitos no cuestan tanto y el vision board se ve alcanzable. ¡Somos invencibles! ¡Este es nuestro año!; hasta que llega el llamado Quitter’s Day, en el que se ha comprobado que muchas personas literalmente rompen su lista de propósitos y abandonan las resoluciones de cambio al enfrentarse a la realidad de que no tienen la suficiente energía para hacerlo. 

Como la vida sin visión ni expectativa es demasiado aburrida, conversamos con dos personas que saben lo que significa hacer una resolución y permanecer en el tiempo, no en perfección, sino en perseverancia.

Ana Peralta es una emprendedora y hace seis años fundó la casa de diseño textil Ana Blooms, una empresa que inició con talleres en la sala de su casa y cuyos productos ahora le dan la vuelta al mundo. 

Sebastián Franz es un uruguayo radicado con su familia en Oklahoma hace más de 15 años. Junto con su esposa fundó el ministerio Volviendo a la esencia, que alcanza más de 35 países. También publicó el libro Viviendo en Su Voluntad. 

No importa si tu lista de propósitos es inmensa, si la dejaste abandonada, o incluso si no escribiste nada: lo que leerás a continuación cambiará tu perspectiva.

Sebastián nos dijo que el cimiento principal es Dios, ese es el punto de partida para trazar metas: «nuestro corazón siempre debe estar dispuesto a ponerlo primero y honrarlo en todo lo que hacemos». A veces estamos tan afanados por hacer nuestros propios planes que lo sacamos de la ecuación, pero si lo buscamos y meditamos lo que dice la Biblia, sin duda alguna, encontramos inspiración y fortaleza para cada día. Como dice Proverbios 16:3 (NTV): Encomienda al Señor tus obras y tus propósitos se afianzarán.

Cuando el tiempo avanza es fácil perder la visión, por eso la necesidad de entregar a Dios cada paso y avanzar de su mano. De hecho, Ana Peralta nos contó que en un punto de su vida sintió que su propósito se estaba desdibujando, pero en el proceso de volver a fijar su mirada en lo importante, recordó que su identidad no estaba en su profesión o en las metas que se trazaba, sino en la Biblia. «Tener la visión alineada con él es fundamental, independientemente de si llegaba o no a un presupuesto, Dios tenía un plan para mí».

Muchas veces presuponemos las cosas que deben suceder, cuál es el curso correcto de la vida, qué pasos nos pueden llevar al éxito, pero no nos damos cuenta de que son motivos vacíos si no tienen la guía del Espíritu Santo. Además, resulta sencillo hacer que nuestras metas, deseos o profesión se conviertan en parte de nuestra identidad, y si los planes no resultan como los imaginamos, la desilusión nos lleva a sentirnos perdidos, ¿y después qué?

¡Se vale soñar!

Necesitamos recordar que Dios nos dio la capacidad de soñar. De hecho, en la Biblia podemos ver la invitación a diseñar una visión amplia y dar pasos de fe. Dios concede los deseos del corazón, tiene planes buenos para nosotros, nos capacita, nos da luz para no extraviarnos y dirige nuestros pasos; leer y meditar en la Biblia es clave para comprender cómo debe ser nuestro caminar. Como dijo Ana, «A Dios le gusta patrocinar sueños, le encanta que se hagan realidad».

Es emocionante ser conscientes de esto, porque tenemos un padre bueno que nos permite alcanzar metas y que conoce los deseos de nuestro corazón. Sin embargo, lo más importante al soñar es hacerlo de su mano, como dice Sebastián Franz: «Una cosa es pedir que Dios esté y otra cosa es que él tenga el control de tu sueño». Cuando existe la certeza de la bondad de Dios es sencillo entregarle nuestros planes, buscar su reino y confiar en que la añadidura llegará. Además, 

1 Juan 5:14 dice: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye.

Manos a la obra, manos que permanecen

Luego de poner a Dios como centro del plan, tenemos que empezar a actuar. No se trata de qué tan grandes o pequeñas son nuestras acciones, sino de la fidelidad y el compromiso que tenemos para poder llegar a la meta deseada.

Ana Peralta nos contó el secreto detrás de sus metas cumplidas: crear pequeños pasos y empezar a recorrer el camino. Cuando estaba pensando en el crecimiento de su marca, quiso ir más allá: «No me quedé solo con el deseo; oré, le dije: “Dios, dame las herramientas”, y me metí en cursos de emprendimiento. Si tú tienes esa meta grande, piensa también en los escalones que te van a llevar hasta allá».

Cuando empiezas a caminar se presenta un gran reto: permanecer en el camino. Para lograrlo, busca mantener tu mirada fija en Jesús, pero también celebra cada paso que das; piensa que tu avance, así parezca pequeño, te lleva más cerca de la meta. En palabras de Sebastián: «No tienes que esperar a llegar a cierto lugar para  vivir lo que Dios tiene para tu vida».

Alcanzar un propósito no es un camino necesariamente lineal, puedes vivir varios altibajos, pero esfuérzate por disfrutar cada momento y por encontrarle provecho a las lecciones que puedas aprender. Gálatas 6:9 nos invita a no cansarnos de hacer el bien, porque a su debido tiempo veremos una cosecha; tu esfuerzo es como el trabajo de un sembrador, las ramas son lo que aprendiste en el camino y el fruto es el propósito cumplido. Como dice Ana, «las plantas no crecen de un día para otro. A veces toca podar. A veces trasplantar».

Herramientas en el camino

Perseverar en el camino no solo te llevará al cumplimiento de algo que sueñas, también «es una manera de empezar a mostrar el carácter de Cristo», dice Sebastián. Persiste aun si la emoción cambia, porque somos llamados a vivir por fe y a esforzarnos con valentía en cada aspecto de nuestras vidas.

La constancia es la que realmente construye resultados, y los hábitos son la forma práctica de vivir la perseverancia. Por eso, empieza a cultivar hábitos intencionales: estos se convertirán en parte de tus raíces y serán herramientas que te sostendrán y te impulsarán a crecer en tu caminar.

Sin lugar a dudas, el hábito más importante que puedes crear es la comunión con Dios, ya que encontrarás fortaleza para enfrentar los retos del camino. Recuerda que, si no tienes un cimiento fuerte, los problemas te pueden derribar con facilidad.

Sin importar los cambios en el año, el tiempo o los afanes, asegúrate de volver a lo más importante. «Los hábitos han cambiado, pero algo esencial es pasar tiempo con Dios. No todos los días lo hago perfecto, pero sí trato de que mi corazón vuelva al plan de Dios, que mis cargas vayan a él. Hablo con Jesús mientras hago el desayuno o manejo. Es clave empezar así mi día y también cerrar el día entregándole todo», nos contó Ana cómo cambió este hábito al convertirse en mamá primeriza.

La misión más importante

Cuando sientas que es difícil permanecer en el camino, vuelve al fundamento principal. Busca la razón profunda por la que decidiste que querías lograr ese objetivo, ¿cuál es la motivación de tu corazón?

Aunque todos tenemos diferentes dones, talentos y sueños, hay una misión que nos une: hacer discípulos y dar a conocer a Jesús. Sin embargo, eso se ve de distintas maneras en la vida de cada persona, por eso Ana nos invita a preguntarnos «¿cómo voy a llevar a las personas a Jesús a través de lo que hago?».

Sin importar cómo se ve tu vida, la clave está en ser fiel en donde estás ahora mismo, ya sea estudiando, emprendiendo o creando, el punto es honrar a Dios con cada cosa que hagamos y cada meta alcanzada.

Sebastián nos compartió algunas preguntas clave para que, al tomar decisiones durante el año, no nos desenfoquemos de lo más importante: «¿Mi decisión glorifica a Dios? ¿Cómo esto va a reflejar a Jesús? ¿Qué dice la Biblia? ¿Esto me beneficia a mí o beneficia a otros?».

Dios puede unir tus anhelos con su plan, después de todo, fue él quien te diseñó. No pierdas de vista que somos llamados a reflejar su amor con el resto del mundo. «La realidad es que cuando la Biblia habla de buscar el reino de Dios no está hablando tanto de ti, sino de cómo puedes hacer que otros entren en este reino y sean beneficiados», explica Franz.

Trazarte metas en comunidad hace una gran diferencia cuando llegan los desafíos, como menciona Sebastián: «no es lo mismo estar perdido solo en un bosque que estar perdido con un amigo». Es por eso que Dios nos llama a permanecer en comunidad; él sabe que necesitamos de otras personas, y no hay nada mejor que celebrar triunfos con otros.

Estas claves no garantizan un camino sin desafíos, pero sí te recordarán que Dios va a tu lado en cada paso. No lo olvides: la verdadera fuerza de tu año está en mantener tu mirada en él, levantarte con determinación y aprender a disfrutar cada tramo del proceso. Cuando lo pones en el centro, nada de lo que construyas será en vano.

#CrecimientoPersonal #GlowUpPersonal

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