Viralizando los actos de servicio

Por: Sergio Corredor

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Julián Pinilla y Evan Craft usan las redes sociales para viralizar los actos de servicio, esto es esperanza y propósito más allá de los likes.
El Chico de la Ruana (Julián Pinilla) tiene millones de seguidores que se conmueven con sus actos de servicio. Hablamos con ellos para entender por qué servir a otros es una muestra de amor poderosa y la que más asombra al mundo.

Aunque las redes sociales están saturadas de egos inflados, lujos sin contexto y vidas que parecen inalcanzables, el servicio genuino está generando un impacto distinto.

Prueba de ello es la popularidad que han ganado algunos creadores de contenido que, en lugar de exponer sus propias vidas, logros y adquisiciones para acumular likes, han decidido usar estas plataformas para hacer visibles otras realidades y poner su creatividad al servicio de un cambio, aunque sea pequeño.

El chico de la ruana y el poder de servir

El colombiano Julián Pinilla (@julianpinillaa), más conocido como «el chico de la ruana», se ha sumado a esta forma de usar las redes sociales. Ha tenido un efecto tan positivo que fue reconocido en los premios India Catalina, galardones anuales que celebran lo mejor de la industria audiovisual colombiana, como el mejor creador de contenido de 2025.

Hablamos con él sobre cómo los actos de servicio, capaces de conmover hasta al corazón más indiferente, parecen estar desafiando el algoritmo.

Cuando servir impacta más que opinar

Julián admite que se sorprendió mucho la primera vez que intentó hacer algo diferente en sus redes sociales: «Yo tenía poca fe, pero me di cuenta de que la solidaridad de la gente es muy bonita».

Su intención en ese entonces era comprar alimentos para alguien con necesidad, pero recibió tantas donaciones que terminó entregando los insumos para abrir un negocio.

Varios años después, Julián se sigue asombrando: «Nunca pensé que ayudar a los demás pudiera llevarme a algo así», cuenta respecto al India Catalina.

«En un ambiente donde las estrellas se las llevan los que más dan de qué hablar, este premio es una demostración de que sí se puede pensar en los otros».

A veces, las personas no creen que sus ayudas sean reales. «Hay gente que piensa que esto es actuación, pero lo que hago es sencillo: amar como me gustaría ser amado. Y eso toca el alma de la gente», afirma.

En un mundo donde la ayuda suele venir acompañada de condiciones o agendas ocultas, estos actos son como tesoros.

Un acto contracultural

Cuando un influenciador con millones de seguidores decide inspirar con actos de servicio, proveer un plato de comida, cargar bolsas pesadas, limpiar una casa ajena, está enviando un mensaje. En palabras de Julián: «Tenemos que marcar la diferencia y que las redes sociales, más que morbo o likes, sean aprovechadas para servir y ayudar».

Lo que pocos saben es que muchos de estos actos de servicio no son financiados por grandes marcas ni impulsados por campañas publicitarias. Nacen del deseo personal de hacer el bien.

Julián afirma que lo más difícil de crear este tipo de contenido es encontrar personas que quieran ayudar desinteresadamente: «Normalmente las marcas ven en esto solo números, y para mí la transparencia es indispensable: que la ayuda sea real, que las personas se sientan importantes e inspiradas».

Él, al igual que otros creadores como el mexicano Alexis Omman (@alexisomman), comenzó con lo poco que tenía, usando su plataforma para movilizar ayuda. «Vi que tenía que aprovechar el alcance de las redes sociales y, aunque no ha sido fácil, es como una bola de nieve», dice Julián.

El impacto de estos actos no termina cuando acaba el video. Personas inspiradas comienzan a hacer colectas, donar mercados, visitar hogares de ancianos o escribir cartas de ánimo.

«Muchos influenciadores me han dicho que mi contenido los ha inspirado a ayudar», cuenta Julián, a quien suelen darle donaciones para que las direccione. «Creo que esos son actos sencillos y bonitos que hacen que una sociedad esté dispuesta a servir».

Así es como lo viral se convierte en comunidad, y lo comunitario en transformación social.

Servir empieza por casa

Morir al ego, aprender a leer al otro, ajustar expectativas y lavar la loza cuando menos quieres hacerlo, son cosas que se aprenden en casa. Cuando a Julián le preguntan de dónde nacieron esas ganas de ayudar, su respuesta siempre es la misma: «Mi familia ha sido muy generosa, así que yo he tenido esa inquietud desde que era pequeño. Me siento orgulloso de lo que hemos logrado y de que estamos creando un cambio».

Cuando le pedimos que recuerde esos actos de servicio que lo han marcado, su familia también es protagonista:

«Yo no sabía qué hacer con mi vida, y ellos han sido mi refugio. Han estado apoyándome, incluso cuando no confían mucho en mis ideas, siempre me han dado la mano», asegura, sonriendo al recordar todas las veces que intentó encontrar su propósito. Incluso ahora, que hace lo que le apasiona, busca pasar tiempo con su familia.

Ellos también están detrás de la ruana, el símbolo con el que muchos lo distinguen:

«Mi papá trabaja en ganadería, mi abuelo es papicultor y toda mi familia se dedica al campo, entonces, ¿qué mejor que honrar a la familia y estar orgulloso de eso?».

Aunque hubo un tiempo en que quiso ocultar sus raíces para encajar, como muchos hacen en redes sociales, dice que un día aceptó quién era y ahora tiene más de un millón de seguidores que apoyan sus proyectos sociales.

Detalles que cambian a miles

La grandeza del amor brilla en los pequeños detalles, en las acciones concretas, con gestos mínimos que sostienen la vida en común. Abrir la puerta, recordar una cita médica, preparar el café sin que te lo pidan o dar un abrazo, son cosas que hablan de un corazón dispuesto a servir, imitando a Jesús en lo cotidiano.

Hay quienes creen que solo los influenciadores con millones de seguidores pueden impactar su entorno con actos de servicio. Ante esto, Julián responde con convicción: «El mensaje más importante de mis redes sociales es que no necesitamos ser millonarios, sino actuar con un corazón sincero. Cuando hacemos las cosas así, todo sale bien, es visto y se devuelve».

Lo ha experimentado en muchas ocasiones. En el camino de ayudar a alguien, más personas se suman y el aporte se multiplica. A veces incluso suceden cosas inesperadas que facilitan el servicio: «Entonces yo siento que es Dios haciendo todo perfecto».

Las lecciones de servir

El apóstol Pablo habló de la felicidad que hay en dar: Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: ‘Hay más dicha en dar que en recibir’ Hechos 20:35 (DHH).

Julián Pinilla lo ha comprobado. En todo este tiempo ayudando a otros, no duda nunca que él es el más beneficiado.

Entre las lecciones más grandes que ha aprendido, está la importancia de vivir feliz: «Solemos entristecernos por cosas simples, mientras hay personas que viven muchos desafíos y nunca dejan de tener una sonrisa. Siempre cuentan su historia con alegría y con la resiliencia que les da el querer seguir adelante de la mano de Dios».

También ha aprendido que, muchas veces, en las personas más sencillas se oculta una grandeza inimaginable:
«Esas personas que tú ves barriendo la calle o vendiendo cosas, para muchos no tienen importancia, pero para alguien de su familia ellos son un superhéroe».

Tiene claro que aprovecharse de las historias tristes no es verdadero servicio: «No quiero generar lástima, sino dar un mensaje de alegría y fortaleza. Creo que lo principal es que las personas experimenten la bondad. Hay quienes, en su afán por resolver las obligaciones diarias, pierden la capacidad de soñar, y qué bonito es poder regresarles la esperanza».

Queda mucho por hacer

Ver a alguien amar con acciones concretas despierta algo en nosotros. No se trata de copiar lo viral, sino de preguntarnos: ¿a quién puedo servir yo hoy?, ¿cómo puedo amar con hechos a mi pareja, a mis hijos, a ese vecino con el que ya no cruzo palabra?

Hace un par de meses, en alianza con una fundación, Julián celebró la entrega de una escuela rural. Sin embargo, sus sueños son aún más grandes: «Quiero tener una fundación para gestionar la ayuda de forma más organizada, pero creo que Dios acomoda cada cosa en el camino».

Si no tienes una cámara, una ruana o millones de seguidores, recuerda que sí tienes fuerza, tiempo, palabras y la posibilidad de dar detalles. Hoy el mundo, más que opiniones, necesita actos de amor verdadero, ese que, en lugar de buscar likes, busca servir.

Dar la milla extra por amor: Evan Craft

Evan Craft es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando las redes sociales se usan con un propósito superior. Se dio a conocer en el mundo digital por sus covers en español de canciones worship en inglés. Luego llegaron a las iglesias de Latinoamérica y lo llevaron a alcanzar el puesto número 10 en la lista Billboard Latin Pop Albums, el número 30 en Top Latin Albums y la cima en Latin Christian Albums.

Para sus seguidores, se autodefinió como un «gringo» enamorado de la cultura latina. Aprendió español y, a los 20 años, viajó como misionero a México. Esa primera travesía marcó su vida. Despertó en él una inquietud por la población latina vulnerable —inmigrantes, personas en situación de calle, con discapacidad y familias disfuncionales— que se volvió parte de su propósito de vida.

«Es fácil decir que amas a la gente, pero aprender su idioma y pasar tiempo con ellos es ir más allá. Si decimos que amamos al mundo pero no podemos comunicarnos con ellos, somos hipócritas. Por eso puedo decir que soy llamado a América Latina, porque sentí un amor hacia la cultura y actué sobre esa inclinación, ese empuje que sentí de parte de Dios», nos dijo en entrevista.

Un viaje que sanó heridas

Pocos sabían que, durante sus viajes por países latinos, su corazón se sanaba de heridas familiares vividas en su niñez. «Me aceptaron en sus hogares y países cuando no tenían que hacerlo. Su cariño ha cambiado mi vida», cuenta, refiriéndose al videoclip del sencillo Mi casa es tu casa, que grabó en 2017 con Alex Campos como una declaración del cariño que tiene por estas tierras.

Una travesía de 1,800 kilómetros por amor

En septiembre de 2018, Evan se arriesgó a una aventura aún mayor: recorrió en bicicleta más de 1,800 kilómetros desde Viña del Mar, Chile, hasta Buenos Aires, Argentina. No lo hizo solo; invitó a amigos de Miami, Los Ángeles, Colombia, Guatemala, Costa Rica, Argentina y Chile.

Esta travesía, para la que se preparó físicamente durante meses, inspiró su canción La milla extra. El objetivo era realizar más de 10 conciertos en distintas ciudades para recaudar 20 mil dólares y comprar prótesis para dos atletas paralímpicos venezolanos que perdieron una pierna en accidentes automovilísticos. Cumplió la meta con éxito.

El libro “La Milla Extra” y su mensaje

Siete años después, Evan Craft lanza su libro La Milla Extra en inglés y español, junto con un mini documental exclusivo que muestra el significado de este viaje para él.

Una de las premisas del libro es: ¿Evitas los procesos difíciles que Dios usa para moldearte? Es una lectura ideal para quienes necesitan ver las circunstancias adversas desde otra perspectiva, encontrar esperanza y permitir que la perseverancia perfeccione su vida y trabajo.

Masterclass en Bogotá: una cita con sus seguidores

El jueves 16 de octubre, a las 9:30 a.m., Evan ofrecerá una masterclass sobre las experiencias detrás de su libro en el Auditorio Teatro El Lugar de Su Presencia en Bogotá. Será un espacio para responder preguntas, firmar autógrafos y compartir con sus seguidores en la ciudad que por mucho tiempo fue su hogar. La entrada es gratuita con previa inscripción.

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