Cada vez más estudios científicos demuestran la capacidad del cerebro humano para adquirir nuevos aprendizajes sin importar la edad. Casos de éxito de personas que aprenden siendo adultos mayores, o después de sufrir accidentes cerebrovasculares o traumatismos, confirman que frases como “loro viejo no aprende a hablar” son solo mitos populares. Creer en ellos puede hacer que muchos pierdan la oportunidad terapéutica y rejuvenecedora de aprender algo nuevo.
El doctor Gabriel Alexander Quiñones Ossa, neurocirujano e investigador en neurociencias, explica que lo más importante para adquirir un nuevo conocimiento es la determinación y la constancia. «La neuroplasticidad demuestra que el cerebro puede adaptarse a nuevos estímulos (positivos, negativos o neutros) y, con base en estos, crear y fortalecer redes neuronales según lo necesite», comenta. Esto significa que el potencial de aprender está en todos; lo que se requiere son estímulos adecuados y constantes.
Aprender es vivir
Otra barrera que impide el aprendizaje continuo es pensar que solo ocurre en un aula o frente a un computador. En realidad, el cerebro aprende también al caminar por un sendero nuevo, conversar, conocer personas, escuchar música en otro idioma, escribir, leer, cantar o contemplar un paisaje. Cada una de estas acciones fortalece la reserva cognitiva, clave para tener una vejez lúcida y un cerebro fuerte frente a enfermedades neurodegenerativas.
Piensa en esto: toda actividad que realizas de manera automática fue aprendida antes. La repetición constante de esas habilidades creó las redes neuronales que hoy te permiten ejecutarlas sin pensar. ¡Ahí está el secreto del aprendizaje! Y no debería detenerse por la edad.
Aprender es crear
Ante la evidencia científica mencionada, hay quienes podrían afirmar que conocen a algún familiar o vecino que, al jubilarse, comenzó a decaer físicamente, empezó a olvidar cosas y dejó de salir debido a los dolores u olvidos. Respecto a esto, el doctor Gabriel explica que, muchas veces, es justamente la inactividad la que provoca los olvidos y otros padecimientos de la vejez, y no al contrario. Esto ocurre porque, cuando el cerebro nota que muchas de sus funciones han sido suspendidas, realiza lo que se conoce como poda neuronal: al permanecer inactivas, las neuronas recortan sus sinapsis y comienzan a morir. Con el paso del tiempo, esta situación hace que el cerebro se reduzca en zonas muy importantes y, en consecuencia, surjan enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y la demencia senil.
Por el contrario, cuando una persona recibe estímulos constantes, como salir a caminar con regularidad, leer o mantener interacciones sociales saludables, esa atrofia cerebral, que corresponde a la tendencia natural del cerebro a encogerse desde cierta edad, no progresa hacia una poda neuronal tan marcada. Esto se debe a que la persona, mediante sus hábitos de aprendizaje, fortalece el cerebro y se asegura no solo de tener una vejez activa, atenta y consciente, sino también de vivir los años con presencia y lucidez, evitando un marcado declive cognitivo.
Aprender es más de lo que te imaginas
En el proceso de aprendizaje se activan varias zonas de nuestro cerebro. El hipocampo, que recibe su nombre por tener forma de caballito de mar, está encargado de la memoria y la navegación espacial; allí es donde se almacenan los pasos de esa nueva coreografía que estás creando. En la amígdala cerebral también quedan recuerdos, pero son aquellos que tienen una carga emocional. ¿Cómo te sientes al intentar algo nuevo? Tu cerebro lo asociará con emociones; por eso, si eres de los que teme probar o se ha resignado a no aprender más, ¡anímate a intentarlo! Así registrarás los acercamientos a nuevos aprendizajes como algo positivo.
“La familia debería ser el principal motivador para que una persona estudie y aprenda nuevas cosas, sin importar su edad”. Dotor Gabriel Alexander Quiñones Ossa
La corteza cerebral, por su parte, es el lugar donde se procesa la información y se llevan a cabo los procesos mentales más complejos, como el razonamiento, la creatividad, la planificación y la toma de decisiones. Esto demuestra que comienzas a aprender desde el momento en que decides hacerlo, pues así le envías al cerebro la señal de disponerse a hacer equipo contigo y alcanzar las metas de aprendizaje que te propongas.
Aprender es moverse
En el aprendizaje también está involucrado el factor neurotrófico derivado del cerebro, conocido también como BDNF. Se trata de una proteína que funciona como un fertilizante cerebral, porque promueve el crecimiento de nuevas neuronas (neurogénesis) y fortalece las conexiones ya existentes (neuroplasticidad). Gracias a esta proteína, el proceso de aprendizaje es más eficiente y el ejercicio de la memoria se fortalece. Haz de cuenta que es como una inyección de vitalidad para tu cerebro.
¿Cómo puedes estimular la producción de esta proteína rejuvenecedora desde tu interior? Muy sencillo: haciendo cosas nuevas. Las recomendaciones prácticas del doctor Gabriel son las siguientes:
Ejercicio aeróbico
Saltar la cuerda, montar en bicicleta, caminar, correr; en general, cualquier actividad que acelere la frecuencia cardiaca resulta beneficiosa para el cerebro. Esto se debe a que mejora la circulación sanguínea, oxigena el hipocampo, aumenta su irrigación y permite que todo el cerebro reciba los nutrientes necesarios para producir las funciones que facilitan y potencian el aprendizaje.
Actividades que generen reserva cognitiva
¿Cuánto tiempo de tu día dedicas a aprender algo nuevo? Una creencia popular afirma que los niños son como esponjas que absorben rápidamente los conocimientos, y es cierto, pero ocurre porque, además de que muchas cosas son nuevas para ellos y su cerebro está en crecimiento, suelen estar expuestos a un mayor número de estímulos que los adultos mayores. Realizar sopas de letras, leer con regularidad, jugar ajedrez, hacer caminatas y cultivar un entorno social que promueva hábitos saludables, junto con prácticas adecuadas de sueño y una alimentación balanceada, baja en grasas nocivas y rica en nutrientes, será de gran ayuda para que el cerebro, en lugar de deteriorarse, se mantenga activo.
Idiomas y música
Está demostrado que aprender un nuevo idioma y realizar actividades relacionadas con habilidades musicales, como tocar un instrumento, bailar o cantar, son prácticas altamente efectivas para la generación de nuevas estructuras neuronales y el fortalecimiento del cerebro.
«Hay registros de personas que aprendieron a tocar un instrumento en su juventud y en su vejez, o incluso después de haber sufrido un accidente cerebral, pueden ejecutarlo de nuevo, siendo este aprendizaje una terapia para su recuperación», cuenta Gabriel. Y añade: «También hay casos de personas que aprendieron un segundo idioma y, al tener un infarto cerebral, olvidan su lengua materna, pero pueden valerse del segundo idioma para comunicarse e incluso reaprender su lenguaje primario».
Casos como estos demuestran la extraordinaria capacidad del cerebro para preservar la información. Basta recordar a los pacientes con alzhéimer o demencia senil que, al escuchar una canción antigua, pueden interpretarla por completo, incluso si han olvidado otras cosas.
Aprender es mejorar
Si bien el aprendizaje en edades adultas requiere mayor intencionalidad que en niños y jóvenes, pues el cerebro ya se ha formado por completo e, incluso, en algunos casos, puede haber iniciado un proceso de encogimiento, lo cierto es que aprender es indispensable para mejorar nuestra calidad de vida. Quien no está dispuesto a adquirir nuevos conocimientos se limita a repetir los mismos patrones ya aprendidos, que en ocasiones pueden resultar dañinos. Y es que no solo se aprenden cosas positivas, como un idioma, sino también hábitos o patrones negativos.
Al respecto, el doctor Gabriel explica: «En relación con la depresión o la ansiedad, cuanto más se refuerza ese estímulo negativo, la persona genera redes que perpetúan el estado depresivo o ansioso. Incluso hay estudios de trastornos mentales y estados de dolor crónico, en los que una persona es tratada y sigue sintiendo dolor a pesar de estar bien, porque su cerebro generó una red neuronal de dolor constante». Esto demuestra que aprender es mucho más vital y cotidiano de lo que imaginamos, tan inherente a la vida como los pensamientos que nos acompañan día tras día y que podemos, si lo decidimos, desaprender y reaprender.
4 indispensables para un cerebro fuerte
- Dormir bien. Durante el sueño ocurren funciones cerebrales indispensables para el aprendizaje. Ya existen estudios que demuestran que dormir mal acelera el deterioro del cerebro.
- Alimentación saludable. Incluye frutas, verduras, carnes y huevos. Recuerda: la comida no solo nutre tu estómago, también alimenta tus neuronas.
- Busca actividades interesantes. Procura salir de casa, tomar el sol, conversar y dedicar tiempo a algo que disfrutes.
- Tiempo en familia. El cuidado no está limitado a la alimentación, la vestimenta y el hogar; también implica promover un cerebro activo y relaciones saludables.







