El talento no lo es todo. En eso coinciden los deportistas profesionales. Entrevistamos en exclusiva a un medallista olímpico para entender cómo se forja una mente ganadora.
Antes de que muchos nos despertemos
Hay cuerpos que ya se están moviendo como si el destino dependiera de ello. En un escenario sin aplausos, ni cámaras, ni medallas, solo se escucha el eco de una voz interna que se funde con su voluntad. Es una palabra que se repite en su cabeza y en todo su ser: disciplina.
En ese espacio previo al esfuerzo, se forja todo lo que acompaña al talento. Pero los que saben, los que han sudado más de lo que han celebrado y ganado campeonatos, entienden algo clave: las habilidades sin disciplina son solo una promesa sin cumplir. Simple teoría.
Entrenamiento en silencio
A las cuatro o cinco de la mañana no hay público ni glamour. Solo hay frío, dolor muscular y un reloj que marca la hora en que los sueños empiezan a construirse.
En ese instante, cuando el mundo aún duerme, atletas como Ángel Barajas (19 años) ya están en su primera jornada de entrenamiento. La sesión se repite en la tarde y así todos los días: la misma rutina. Es un ciclo con propósito, como él mismo lo define.
«Con mi entrenador, el fisioterapeuta y el equipo interdisciplinario hemos hecho un gran trabajo. Ahora entrenamos más fuerte para mantenernos en la élite», señala el gimnasta colombiano que, a sus 17 años, se convirtió en leyenda al ganar la primera medalla olímpica en gimnasia para Colombia, en los juegos de París 2024.
Entrenar el cuerpo… y el carácter
La disciplina en su caso no es una postura, es todo un método. Entrega y conciencia. Es lo que ha tenido este oriundo de Cúcuta, Norte de Santander, desde que se inició en la gimnasia a los 4 años.
«Desde pequeños nos inculcaron la disciplina. Lo que marcó la diferencia fue asumir el proceso con profesionalismo», asegura.
Su entrenador de toda la vida, Jairo Ruíz, lo confirma: «A Ángel lo fuimos puliendo como un orfebre lo hace con el oro. La disciplina es la base del éxito. Enseñamos puntualidad y buenos hábitos».
El testimonio de un futbolista
En eso coincide el exfutbolista profesional Ricardo «el Gato» Pérez, quien ahora, desde su rol como directivo, concibe el alto rendimiento desde otra perspectiva.
«Uno tiene que trabajar cada día más. Cuando era futbolista activo, no era rápido, pero lo compensaba con inteligencia para anticiparme. Si te conoces y trabajas duro, puedes superar tus debilidades», recuerda el actual director deportivo de Millonarios.
Y agrega una frase contundente: «Nada de eso sirve sin disciplina. Puedes tener todo el talento y la tecnología, pero si no eres disciplinado, no llegas ni te mantienes».
Mentalidad, hábitos y propósito
Para algunos, este concepto de disciplina se convierte en rutina espiritual. Barajas lo resume sin rodeos: «La parte mental representa el 90% en este deporte. Me hablo a mí mismo para calmarme, para sentirme como si estuviera en un entrenamiento normal. Eso me ayuda a rendir».
El profesor Ruiz lo complementa con otra dimensión: «La disciplina no solo se entrena, también se educa en casa, en lo invisible, con la ayuda de padres comprometidos y hábitos sostenidos».
En otras palabras, es un trabajo en equipo.
La convicción también corre
El hombre más rápido del planeta, el atleta norteamericano Noah Lyles, lo dice sin rodeos: «Si no crees que puedes correr rápido, no crees en ti mismo».
Su velocidad no nace del músculo, sino de la convicción. En el documental Sprint, los humanos más veloces de Netflix, Sebastián Coe, presidente de World Athletics, señala algo crucial: «Se necesita un talento especial, tanto físico como mental, para tener éxito en un mundo donde el destino se decide en tan solo 10 segundos».
Carácter, liderazgo y hábitos
El coach y mentor deportivo Julián Correa considera que la clave no está solo en identificar el talento. También debe acompañarse con un trabajo intencional sobre el carácter y el liderazgo interior.
«El talento es importante, pero sin una base sólida de hábitos, propósito y disciplina, difícilmente se sostiene a largo plazo», afirma. Por eso su enfoque integra mentorías que buscan no solo mejorar el desempeño, sino guiar hacia una evaluación profunda de quién eres y quién deseas llegar a ser.
La alimentación y el descanso son parte fundamental de los buenos hábitos. Representan el llamado entrenamiento invisible: el combustible y la recuperación que el cuerpo —y la mente— necesitan para enfrentar cada reto. La disciplina no es exclusiva del deportista; es un estilo de vida que potencia a cualquier persona.
Cinco pilares clave
Julián destaca al menos cinco pilares para acompañar este proceso:
- Saber si lo que hace el deportista responde a una decisión propia o a una expectativa externa.
- Cultivar la actitud del constante aprendiz.
- Perder el miedo al error como parte del crecimiento.
- Desarrollar un plan sencillo y progresivo para cada área de la vida.
- Si se tiene una fe activa, involucrar a Dios en el camino.
«Es fácil perderse en la comparación o la presión. Pero si fortaleces tu liderazgo interior, incluso los fracasos se convierten en oportunidades de mejora», explica el profesional en Ciencias del Deporte y Magíster en Dirección de Marketing.
Además, Correa insiste en revisar los hábitos: eliminar los que alejan a las personas de su mejor versión y reemplazarlos por acciones que sumen valor. Este enfoque, asegura, puede transformar no solo carreras deportivas o trayectorias profesionales, sino también vidas completas.
Referentes del alto rendimiento
Simone Biles, gimnasta prodigio estadounidense con 7 medallas de oro, lo dice sin rodeos: «Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental».
Stephen Curry, estrella de la NBA, afirma: «El trabajo duro supera al talento cuando el talento no trabaja duro». Su tiro de triple casi infalible es una combinación de técnica, repetición, obsesión y fe.
El joven ciclista esloveno Tadej Pogačar, ganador del Tour de Francia 2025, asegura: «Lo planteé como una batalla conmigo mismo». Porque la disciplina no siempre es contra el rival, sino contra la duda que habita en el interior.
Lionel Messi, con la serenidad del que lo ha visto todo, advierte: «El día en que parezca que no hay mejoras por hacer será un día muy triste para cualquier jugador».
El fracaso no es el final
En su libro No pares de bailar hasta que llueva, el autor colombiano Camilo Cruz menciona un dato sobre Messi y su efectividad al anotar en partidos oficiales. De más de 3.000 intentos, solo unos 800 terminaron en gol. Es decir, falló más del 73 % de las veces.
El mismo que para muchos es el mejor jugador de la historia asegura que no se fija en las veces que falla, sino en la siguiente oportunidad. No se detiene; sigue intentando, tal como los Powhatan —tribu indígena norteamericana—, conocidos por su cultura de no darse por vencidos.
Su actitud frente a la vida refleja la convicción de que el fracaso nunca es un resultado definitivo.
Alimentarse, dormir y no dejar el itinerario
En el Instituto Internacional de Ciencias Deportivas respaldan lo que afirman deportistas, entrenadores y dirigentes: el alto rendimiento no depende únicamente de la capacidad física. También exige fortaleza mental.
Por eso, cada vez es más común que los atletas trabajen con psicólogos deportivos para desarrollar habilidades clave como concentración, control del estrés, visualización y resiliencia emocional. La preparación mental, subrayan, es tan decisiva como el entrenamiento físico para sostener un rendimiento constante en escenarios de máxima exigencia.
El descanso también es estrategia
«El descanso y la alimentación no son un lujo, son estrategia pura», coinciden expertos en alto rendimiento como Charles Czeisler de Harvard y Louise Burke del Instituto Australiano del Deporte.
Dormir bien mejora la concentración, reduce lesiones y potencia la recuperación. Una dieta adecuada antes de dormir puede marcar la diferencia en el rendimiento.
«Sin sueño, no hay recuperación; sin nutrición, no hay progreso», resume la investigadora Shona Halson.
Las evidencias muestran que sincronizar la alimentación con los ritmos del cuerpo es tan importante como el entrenamiento mismo.
Cada vez más atletas de élite consideran el sueño y la comida como parte central de su preparación. El alto rendimiento se entrena en silencio, se sostiene en valores y se convierte en legado cuando motiva a otros a caminar esa misma ruta.
Una ruta que exige crear buenos hábitos: madrugar con propósito, caer con humildad y levantarse con disciplina.
Porque como bien lo dice Barajas: «La disciplina y el profesionalismo marcan la diferencia». Y, sin duda, marcan la vida de quien las aplique en cualquier profesión u oficio.







