Jesús dijo refiriéndose a sí mismo y a su Palabra, “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”, Juan 8:32 (NTV).
Lo confirman quienes, a lo largo de la historia y en todo el planeta, han dedicado su vida o la han puesto en riesgo para que las verdades contenidas en la Biblia y en otros libros relacionados con ella sean difundidos. Todo porque es una verdad muy particular:
Inofensiva pero poderosa
Cuenta la historia que en el año 303, y por orden del emperador romano Diocleciano, las iglesias y los textos cristianos debían ser destruidos.
El historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea escribió: “Con nuestros propios ojos hemos visto las casas de oración, desde la cumbre a los cimientos, enteramente arrasadas, y las divinas y sagradas Escrituras entregadas al fuego en medio de las plazas públicas”.
Han pasado 1636 años desde que el doctor Jerónimo de Estridón tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín por encargo del Papa. Entonces solo algunos en la jerarquía de la iglesia podían acceder personalmente a ese libro; los demás debían conformarse con recibir su mensaje a través de intermediarios, quienes no siempre lo comunicaban con precisión.
En 1450 Gutemberg inventó la imprenta en Alemania, sin imaginarse que esa máquina transformaría la sociedad al facilitar la copia de textos en serie.
Prueba de esto es que en 1517, cuando el monje católico Martín Lutero expuso las 95 tesis en las que cuestionaba el poder papal, estas se difundieron rápidamente en la obra titulada Tratado sobre la indulgencia y la gracia.
Lo mismo pasó con otros de sus libros como La libertad del cristiano y El Magníficat. Lo llamaron hereje, lo encarcelaron, pero nada impidió que Lutero tradujera la Biblia completa al alemán sencillo para que personas de todas las clases pudieran entenderla.
Otro apasionado difusor de la verdad fue William Tyndale, académico religioso inglés quien dijo: “Si Dios me permite, algún día haré posible que el hombre que maneja el arado en Inglaterra, sepa más de la Escritura que el Papa mismo”.
El cumplimiento de esta promesa significó invertir todos sus recursos en la impresión de la Biblia que había traducido al inglés, ver cómo quemaban varios ejemplares en una solemne ceremonia, pasar el invierno en la cárcel con ropa poco abrigadora y, finalmente, ser ahorcado y quemado en la hoguera, mientras muchas de esas biblias eran difundidas de forma clandestina en costales de harina, barriles o paquetes de ropa.
Vigente y deseada
Según el Informe Acceso a Escrituras Mundiales de Sociedades Bíblicas Unidas, en la actualidad hay 7.097 idiomas alrededor del mundo, hablados por más de 7,6 millones de personas.
674 idiomas, hablados por casi 5,4 miles de millones de personas, ahora tienen una Biblia completa y otros 1.515 idiomas, hablados por 613 millones de personas tienen un Nuevo Testamento.
Por otro lado, hay 209 millones de personas en todo el mundo que aún no tienen la oportunidad de encontrar ninguna porción de las Escrituras en su idioma.
Aunque en la mayoría de los países latinoaméricanos no hay restricciones oficiales para leer o comercializar la Biblia, países como Cuba y Venezuela tienen dificultades extremas para la importación de la Sagrada Palabra.
“Hace dos años tenemos en Miami un embarque de 17 mil biblias gratuitas para Cuba y no hemos logrado el permiso de las autoridades para ingresarlas”, dice Esteban Fernández, presidente de La Sociedad Bíblica Internacional.
Sin embargo, también cuenta que en el 2015 la Sociedad Bíblica Latinoamericana llevó 12 mil biblias a Holguín y Santiago en Cuba, “allí, muchos de ellos usaban ¡una sola Biblia entre 6 familias!, las deshojaban para compartirlas cada semana”.
Son muchos los que, como Tyndale se han arriesgado para difundir la Palabra, como los propietarios de la librerías cristianas que con la intención de entregar alimento espiritual, se lanzan a la aventura de vender este tipo de literatura, con muy buenas ideas, pero algunos sin saber cómo enfrentar el competido mercado editorial y mantener el equilibrio entre su sueño ministerial de que muchos conozcan a Dios y las exigencias económicas que demanda cualquier emprendimiento.
No se distrae con el dinero
Quien se embarca en la aventura de vender Biblias y literatura cristiana sabe que su trabajo es más que solo un negocio porque involucra el componente ministerial y empresarial en una misma actividad.
Por eso el reto, según Xavier Cornejo, director de Editorial Whitaker House en Español, es trabajar bajo el concepto de mayordomía puesto que esto es lo que sostendrá el negocio en términos económicos y agrega: “Debemos pensar que la librería es un regalo de Dios para nosotros, pero lo que hacemos con ella es nuestro regalo para Dios”.
Crece en unidad y excelencia
Sabiendo que una buena idea puede traer éxito temporal pero dejar a la deriva la permanencia empresarial, nació Mi Trabajo Salva Vidas, un evento organizado por Su Presencia Producciones, con tres días de capacitación en los que los libreros de todo el país aprenden de sus experiencias y crecen juntos en todos los aspectos referentes a este gremio empresarial, que tiene sus ojos y su corazón puestos en lo ministerial.







