“Dios puede llevarte de menos a más”, Rashel Díaz

Por: Camila Borda

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Rashel Díaz comparte su historia en el libro De menos a más, donde revela el cómo creer en Dios, redefinió su éxito y propósito.
Fotografía de Rashel Díaz

Rashel Díaz se convirtió en una de las personalidades más queridas de la televisión hispana en Estados Unidos. Su trayectoria la consolidó como un rostro reconocido en programas de gran audiencia como Sábado gigante y Un nuevo día, así como en eventos de talla mundial como Miss Universo, lo que la hizo merecedora de tres premios Emmy, además en 2018 fue reconocida por People en Español como una de las 25 mujeres más poderosas del año. Sin embargo, más allá de los reflectores y las alfombras rojas, Rashel atravesó momentos de dolor, inseguridades y búsqueda personal. Hoy, con su fe puesta en Dios, comparte sin filtros la historia que pocos conocen en su libro De menos a más, donde decidió ser totalmente transparente sobre los cambios que ha hecho luego de conocer a Jesús, revelando lo que significa ser verdaderamente exitosa.

Hablamos sobre su vida ahora, cuando su día a día ya no pasa frente a las cámaras de televisión, sino atenta a la voz de Dios para tocar la vida de las personas que pone en su camino. Hoy, sin miedo al qué dirán y después de mudarse a otro estado para estudiar la Biblia, vive una cotidianidad menos farandulera, pero profundamente influyente. Su propósito es claro: usar la visibilidad que Dios le ha dado para transformar la vida de otros, así como él llevó la suya de menos a más. 

Frente a la cámara aprendiste a estar siempre en control, pero en tu libro eres totalmente vulnerable. ¿Qué te llevó a mostrarte así?

Esto realmente fue un proceso; no ocurrió de un día para otro, sino que Dios lo puso en mi camino. Ni siquiera fui yo quien pensó: «Ay, voy a escribir un libro ahora». No, fue Dios quien abrió la puerta. Cuando me hicieron la propuesta, lo pusimos en oración y entendimos que era el momento de hacerlo.

Al principio me daba vergüenza mi historia. La gente creía que mi vida era solo estar en alfombras rojas, lucir vestidos y mostrar el glamour bajo las luces, y yo había estado cómoda con esa imagen, pero mi espíritu no. Viví experiencias que me dejaron mucha amargura e inseguridades, y Dios empezó a sanarlo todo. Entendí que no podía atribuirme la gloria de la sanidad que nunca pude alcanzar lejos de él.

Poco a poco comencé a hablar de Dios. Primero solo lo mencionaba, pero después se convirtió en una pasión imposible de callar. Mi esposo y yo fuimos invitados por el pastor a contar nuestra historia en la iglesia: él habló sobre su proceso con las adicciones y yo, sobre la depresión. Fue impactante; ahí entendimos que ya nada nos pertenecía, que todo era para Dios. Ese fue el inicio de lo que hoy se ve reflejado en el libro.

¿Qué aprendiste de ese contraste entre la imagen pública perfecta y una sana autoestima?

Lo primero fue empezar a conocer a Dios. Fue él quien me mostró que mi valor no está en lo que tengo, ni en lo que dicen de mí, ni en lo que me ha pasado. Mi valor está en lo que él dice que soy.

Fue un proceso hermoso, lleno de paciencia y misericordia. Dios nunca me impuso nada, solo me reveló cosas poco a poco. Por ejemplo, antes, si no me invitaban a una alfombra roja, me sentía infeliz. Después noté que ya no me afectaba. Me sorprendió: era un cambio real en mi carácter.

También empecé a orar por las personas que me habían herido, algo que jamás imaginé. Descubrí lo que significa ser libre del rencor y la amargura. Esa libertad me llevó a un momento de rendición total; pude decir: «No haré nada sin la guía de él».

¿Cuándo te diste cuenta de que necesitabas compartir tu historia?

Cuando empecé a usar mis redes sociales con propósito. Al principio lo mencionaba de vez en cuando en mis publicaciones. Pero un día supe que no podía hablar de Dios de manera intermitente; él tiene que estar en todo lo que hago en mi vida.

Comencé a honrar a Dios en mis redes, mis proyectos y mis conversaciones, y empecé a ver el impacto en los mensajes de personas que me escribían cosas como: «Wow, verte tan real me reconectó con Dios»; «Escuché tu podcast y estoy haciendo el devocional»; «Vi tu testimonio y estoy trabajando en mi matrimonio».

Entendí que tenía que seguir hablando y compartiendo. Así fue como todo tomó una nueva dirección. Ahora, incluso en mi faceta de empresaria, Dios está en el centro.

En tu libro también cuentas que, cuando te despidieron de la televisión, tus finanzas, en lugar de disminuir, crecieron. 

Puede sonar extraño, pero cuando terminó mi contrato no sentí temor. Dios ya me había mostrado que venía una nueva temporada. Él no te enseña la foto completa, solo te dice: «Camina» y te cubre con paz.

Además, mi esposo y yo nos habíamos preparado organizando nuestras finanzas con visión. Cuando mi etapa en la televisión terminó, simplemente se empezaron a abrir nuevas puertas. Cada día orábamos: «Señor, si el rumbo que estoy tomando no es el que quieres, cámbialo. Abre las puertas correctas, cierra las que no están en tu voluntad».

Comenzaron a surgir negocios que hoy nos dan libertad para viajar, servir, dar conferencias y seguir conectados con nuestra iglesia. Me ofrecieron volver a la televisión, pero entendí que no era el momento. Mi vida ahora es ir donde Dios me necesite.

De todo este proceso de transformación y fe que has podido compartir con otros, ¿tienes alguna historia favorita?

Tengo muchas. Una muy especial es la de mi esposo y la mía, que llamamos «Amor entre tres». La compartimos hace años y todavía hoy hay personas que nos dicen cómo impactó sus vidas.

También recuerdo a Narchi, una alumna de mi programa De menos a más. Ella vivía en Houston, con tres trabajos y mucha responsabilidad. Aun así, decidió invertir en el programa, aplicó los principios y se lanzó a su propósito. Hoy tiene una boutique espectacular. Siempre le digo: «Eres un ejemplo perfecto de lo que pasa cuando le creemos a Dios con todo».

Son muchísimas historias de mujeres que recuperan sueños, sanan relaciones y descubren su propósito. Y lo único que puedo decir es: gloria a Dios, porque es él quien usa mi influencia para llegar a más personas.

¿Qué le dirías a esa persona que lee esta entrevista y piensa: «Mi vida está completamente destruida, nunca va a cambiar»?

Le compartiría el mensaje que me cambió: lo que piensas es lo que hablas; lo que hablas es lo que haces, y lo que haces se convierte en tu destino. Yo misma descubrí que muchos de mis pensamientos no venían de Dios, y desde ahí tomaba decisiones equivocadas.

Por eso necesitas renovar tu mente leyendo, confesando y meditando la Biblia. Cuando alimentas tu mente con esa verdad, empiezas a hablar diferente, a actuar diferente, y eso transforma tu vida. Cuando permití que la Biblia renovara mi mente, todo comenzó a cambiar. Esa misma transformación está disponible para ti, ahora mismo.

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