Detrás de un best seller hay una historia por contar, una corazonada llena de emoción, el poder creador de la palabra, y lo más importante: propósito.
Mientras intentaba dormir sobre un pedazo de cartón en la celda de castigo de la cárcel El Pedregal de Medellín, Jeins Durán cuestionó el propósito de Dios. La injusta condena de 15 años, que lo mantenía alejado de su familia y de los sueños que había guardado, parecía no tener sentido.
En ese momento escuchó en su corazón una frase que cambiaría todo: «Donde tú estés, yo estoy contigo». Con esas palabras recibió la semilla de su primer libro y la convicción de que el tiempo de oscuridad se convertiría en una historia de victoria.
Un libro que trascendió las rejas
Celda 212 se presenta como la novela testimonial que narra cómo una desgracia se transformó en estrategia por Dios. Gracias a esta obra se abrieron puertas en diferentes ferias literarias. Ganó una convocatoria internacional para adaptación cinematográfica y otra nacional para llevarla al teatro. Incluso, la publicación motivó otros proyectos como Cuadrado, la biografía del reconocido futbolista colombiano, que se convirtió en best seller en 2021.
Escribir como propósito de vida
Se dice que muchos sueñan con escribir un libro. Algunos incluso lo consideran una meta antes de morir. Pero en el caso de Jeins, escribir fue asumir el propósito que Dios le dio.
En medio del caos que significó la privación de la libertad, planteó una pregunta esencial: ¿Cuál es el propósito de Dios para mi vida? Afirma: «La respuesta a esta pregunta es muy valiosa porque nos salva de vivir en piloto automático, apenas cumpliendo metas, pero sin visión».
A los 31 años comprendió que había nacido para servirle a Dios por medio del arte. Aunque reconoció que el camino no sería sencillo, tomó decisiones firmes y asumió el reto de nutrir vidas a través de la escritura.
El secreto detrás de las palabras
Un libro exitoso combina una buena narrativa y una gran historia. Aunque el mundo está lleno de textos incompletos, en la celda 212 tuvo ambos ingredientes.
Para Jeins, trabajar en el don recibido muestra confianza y espanta el miedo. Ese miedo que no deja avanzar, que bloquea el talento por temor a fallar.
Con un propósito claro y la aceptación del don otorgado, el siguiente paso fue estudiar y practicar. Por eso, todos los días, desde las cinco de la mañana, escribe al menos seis horas. Sin embargo, el verdadero secreto para que fluyan nuevas palabras está en lo que ocurre antes: «Oro y le pido a Dios que me dé la gracia para hacerlo, que me dé la unción necesaria, que sea él quien toque a los lectores, no yo».
Disciplina, lectura y sensibilidad
Jeins afirma que la disciplina y la lectura son claves para desarrollar un ojo crítico. Esto implica ser un observador detallado, escuchar y permitir que tanto el cuerpo como el corazón sean sensibles al entorno.
Por eso, el trabajo de campo tiene un papel fundamental en las obras biográficas que ha escrito.
Un ejemplo: Cuadrado, desde sus raíces
Para Cuadrado, cuenta: «Fui a Necoclí, a la casa donde él nació, conocí la playa en la que aprendió a patear el balón, y jugué fútbol con mis hijas en la cancha donde él jugó sus primeros partidos. Entrevisté a muchos de sus entrenadores y familiares. Estudié varios elementos. Recorrí muchos lugares para, de alguna forma, ponerme en sus guayos y contar la historia desde su punto de vista».
Empatía en cada relato
En el caso de Espíritu de Oro, viajó junto a Lina Gómez, la primera mujer colombiana en ser campeona mundial de karate. Reconstruyó con detalle el momento en que obtuvo la medalla: «Me paré en el pódium con ella y comenzamos a cantar el himno nacional juntos. Contar la historia de otra persona requiere que tú generes esa empatía para que puedas transmitirle a otro lo que alguien más vivió».
Organización y estructura: el mapa detrás del manuscrito
Organizar las ideas es un paso fundamental en el proceso creativo. Para Jeins, esta tarea consiste en ubicar cada escena en el lugar adecuado. «Tengo un tablero grande con todas las escenas. Entonces, ya sé cuál es el final, qué va en la mitad y cuáles son los puntos de giro», afirma.
Aunque puede tardar meses en crear el cuerpo de la historia, sabe que vale la pena. La claridad espanta el miedo ante la página en blanco.
Un arte con propósito
Jeins no escribe por fama ni reconocimiento. Él mismo lo dice: «Yo creo que debo servirles (a los lectores), debo brindar un disfrute artístico para su alma, pero también debo inspirar a través del testimonio, de la historia, de los ejemplos, para que ellos vean que también pueden salir adelante».
Además, sostiene que la esfera artística tiene una deuda con el mundo: «Estamos en mora de ser un verdadero reflejo de luz para las personas que están cansadas de que el arte sea tan oscuro y que no refleje esperanza».
La IA y el toque que ninguna máquina puede dar
Incluso en una época en la que la inteligencia artificial desanima a algunos, Jeins afirma con claridad: «Lo que transforma una vida es el toque de Dios». Ese toque, que algunos llaman unción, se pone sobre el ser humano, no sobre las máquinas. Por eso, no hay temor hacia la IA cuando las obras están impregnadas con ese brillo único que solo proviene de Dios.
Un mensaje que conecta
A Jeins le emociona pensar que sus libros puedan ser puentes entre Dios y los lectores en un tiempo donde la inmediatez amenaza las relaciones humanas. La palabra, pronunciada con conciencia, aún tiene el poder de crear, tal como ocurrió en Génesis.
Ese poder lo experimentó en una celda de castigo, en medio de la desesperación, y espera que las semillas de esas palabras florezcan en los corazones de muchos.







