En mayo se lanzó la biografía JOY, que recopila la historia de una mujer que renunció a sueños personales para seguir el llamado de servir a Dios en Colombia. Aquí te dejamos parte del libro para que te antojes de leerlo completo.
Infancia y juventud
Nací en una hermosa familia donde la fe y la dedicación a los valores cristianos eran el núcleo de nuestra existencia. Desde pequeña, mi hogar estuvo impregnado del espíritu misionero, evidenciado por la entrega y el servicio de mis padres en estas tierras tan lejanas para ellos. Mis padres, fervientes creyentes y misioneros que llegaron a Colombia con la misión de engrandecer el reino de Dios, plantaron en mí la semilla de un deseo ferviente de servir a Dios.
Mi infancia estuvo marcada por la bendición de ser hija de una pareja con un vibrante llamado. Esto hizo que mi vida anhelara continuar con este precioso legado. A los dieciséis años, durante un sermón en un congreso juvenil, escuché por primera vez la dulce voz de mi Señor y Salvador Jesucristo llamándome para servirle de tiempo completo.
El predicador habló con pasión sobre las necesidades espirituales y materiales del ser humano, y algo en mi interior se despertó. Sentí, en ese momento, que mi destino estaba entrelazado con este país que algunos consideraban distante y misterioso. Con los años, esta sensación no hizo más que fortalecerse. Tras completar mis estudios en Colombia, fui enviada a Sydney, Australia, donde profundicé mis conocimientos bíblicos y me preparé para el momento en que finalmente respondería al llamado divino. (…)
Estancia en Sydney
Dios confrontó mi actitud de no querer estar en Australia y el enfriamiento que tenía con él. Decidí buscar al Señor de todo corazón, y recordé el compromiso que había hecho con él en Colombia. Renové mi fe y le dije que solo quería hacer su voluntad «cueste lo que cueste». Como resultado, Dios me dirigió a estudiar la Biblia y empecé a planear cómo ir a prepararme en el Instituto Bíblico de la WEC en Launceston, Tasmania, una isla al sur de Australia.
Cuando regresé a Sydney después de estudiar la Biblia en Tasmania, me encontré en una encrucijada al no saber qué hacer: trabajar en algo secular, involucrarme en la iglesia local o convertirse en misionera en otro país. Oré fervientemente para discernir la voluntad de Dios, lo único de lo que estaba segura era que quería seguir su dirección.
Después de muchos años de sueños frustrados por regresar a Colombia, decidí dejar de lado ese anhelo. Lo entregué completamente a Dios y no volví a considerar esa posibilidad. Me enfoqué en descubrir lo que Dios tenía preparado para mí en Australia. (…)
Misión con aborígenes
Nuestro trabajo (se refiere a ella junto a su esposo Bill) consistía en cuidar a los niños aborígenes que habían sido retirados de la custodia de sus padres. Realizábamos estudios bíblicos con ellos, y los domingos organizábamos el servicio de adoración para todos. También teníamos que asegurarnos de que estudiaran y cumplieran con sus tareas, que se bañaran, tendieran sus camas y que asistieran a distintas actividades por la tarde. Además, debíamos supervisar su alimentación en el comedor comunal, lavar y planchar su ropa, y asegurarnos de que durmieran bien. Era una labor de enseñanza y formación. Esta era nuestra manera de hablarles de Jesús. Entre ellos había algunos que eran bastante rebeldes, sobre todo los mayores, quienes estaban muy heridos y enojados por haber sido separados de sus padres. Era muy complicado tratar con ellos, pero Dios nos dio la gracia y la sabiduría suficiente para guiarlos y ayudarlos. Muchos de ellos llegaron a conocer a Jesús y se convirtieron en personas de bien.
Como solo teníamos energía eléctrica durante dos horas al día, aprovechaba la mañana para lavar la ropa. Mientras lo hacía, sentaba a Debbie en una caja de cartón frente a mí, mientras Andrés gateaba por todas partes jugando con los otros niños de la fundación. Era divertido verlo tan blanco y rubio jugando con los niños aborígenes, todos tan morenitos. (…)
Colombia: un sueño
Recordé el llamado de servir a Dios en mi juventud mientras asistía a las convenciones de embajadores reales en Colombia. Mientras oraba al Señor, le decía: «Dios, no entiendo lo que está pasando aquí con nosotros, ni sé qué hacer. Pero si tu voluntad es que yo regrese a Colombia, tú tienes que hablarle a Bill, porque yo no voy a hacer absolutamente nada al respecto». Esa fue mi oración.
Finalmente, después de algunos días, dieron de alta a Bill. Llegamos a casa, donde tuvo que pasar algunos días recuperándose antes de volver al trabajo. Yo no podía disimular mi molestia, y él lo sabía. De repente, un día me dijo: «Vamos a ir a Colombia». Yo le respondí: «¿Ah, sí? Entonces empieza a hacer todo el papeleo», porque quería estar segura de que él estuviera convencido de dar ese paso. Y efectivamente, comenzó con todos los trámites necesarios para ir a Colombia.
No teníamos muchas cosas, pero sí había algunas que me gustaban mucho y quería llevar a Colombia, como mi máquina de coser y algunos muebles muy especiales por su estilo. Empacamos lo necesario en algunos baúles y compramos el pasaje en un barco que venía de Inglaterra, trayendo inmigrantes de Europa a Australia. (…) Mi corazón saltaba de alegría al pensar que en pocas horas volvería a ver la hermosa nación de Colombia, el lugar que Dios había escogido para verme nacer. ¡Qué bendición volver después de tantos años! Era finales de 1967.
Iglesia en Funza
Bill y yo también fuimos asignados para pastorear una pequeña congregación en Funza, era un trabajo arduo que se sumaba a nuestras responsabilidades con el instituto bíblico. Lo hacíamos con mucho amor y agradecimiento a Dios por permitirnos ser instrumentos en su obra. Al no disponer de un lugar propio, celebrábamos los cultos dominicales en las instalaciones del instituto bíblico, y en ocasiones, en las casas de algunos hermanos. Al ver la gran necesidad de contar con un espacio propio, nos esforzamos y, con la ayuda de algunos miembros de la iglesia, logramos adquirir un terreno en la localidad para construir un templo.
Me di a la tarea de diseñar lo que consideraba necesario para construir un templo. Aunque no soy arquitecta ni constructora, tenía una visión clara de lo que queríamos para la iglesia, pues había observado en repetidas ocasiones a mi padre llevar a cabo este proceso. Por lo tanto, elaboré algunos planos con las medidas permitidas por el terreno, incluyendo un auditorio y salones para las clases de escuela dominical, así como el diseño de una casa para el pastor que vendría a pastorear la congregación después de que termináramos el trabajo en ese lugar. Posteriormente, conseguimos un arquitecto que, basándose en esos planos, realizó correcciones y ajustes antes de llevar a cabo la construcción. Tiempo después, en el año 1975, vimos el fruto de este esfuerzo manifestado en la construcción del templo. (…)
Instituto Bíblico Berea
Con el tiempo, encontramos nuestro lugar en una pequeña comunidad en el corazón de Colombia. Fue allí donde surgió la visión de un instituto bíblico, un lugar donde los jóvenes pudieran recibir una educación sólida basada en los principios cristianos, preparándose para ser líderes en sus propias comunidades. (…)
El Instituto Bíblico Berea inició en 1976, y desde entonces ha sido un faro de luz y conocimiento para cientos de estudiantes. Cada graduado lleva consigo no solo el conocimiento bíblico, sino también una profunda comprensión de su papel como agente de cambio en el mundo. (…) Mi único deseo es que el Instituto Bíblico Berea sea una plataforma para que las personas conozcan a Dios y desarrollen una relación auténtica con él, como lo expresa Jeremías 9:24: Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con gran amor, derecho y justicia, pues es lo que a mí me agrada. (…)
Una invitación
A estas nuevas generaciones, quiero decirles que el llamado a servir a Dios no es solo para unos pocos; es para todos aquellos que tienen el corazón dispuesto. El mundo necesita jóvenes valientes y comprometidos que estén dispuestos a salir de su zona de confort para llevar el mensaje de esperanza y salvación a los lugares más necesitados.







