Conversar, ¿arte perdido o habilidad olvidada?

Por: César Osorio

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Reflexionamos sobre el arte de conversar, la escucha activa y el valor de la conexión genuina; consejos prácticos basados en la Biblia.
Ilustración de una pareja sonriendo y conversando.

Cuentan algunos de mis antepasados que antes se fingía estar perdido para pedir orientación y así conocer a alguien que les llamaba la atención. Se tenían más excusas para interactuar, para charlar, para conectar. Pero hoy, entre todos los chats, la pereza, el afán y las dinámicas digitales, conversar se está convirtiendo en un arte en vía de extinción.

¿Para qué gastar tiempo si puedo acceder a la información que quiero tecleando algunas palabras? De hecho, hace poco me dijeron: «No te comprometas; cuando no sepas qué decir, envía una carita feliz». Entonces me pregunté cuándo fue la última vez que un buen comentario me sacó una verdadera sonrisa.

Si bien ya no conversamos tanto como antes, este arte no se ha perdido. Gracias a esa generación de ojos cansados e inmensa ternura, a quienes llamamos abuelos, y a la sabiduría de los que estudian el arte de la conversación, sabemos que se necesita practicar ciertos principios para construir un diálogo real.

La palabra como creación y conexión

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, Juan 1:1. La palabra es creación, además de conexión: Entonces Dios dijo: «Que haya luz»; y hubo luz, Génesis 1:3. Nosotros, creados a su imagen y semejanza, también tenemos poder en nuestras palabras para crear puentes entre personas, generaciones y culturas; para edificar vidas y traer esperanza.

Cuando conversamos genuinamente, estamos reconociendo al otro como igual y como alguien digno de confianza. Lo dignificamos, e imitamos al Creador que se comunica con nosotros en cualquier lugar, en todo momento y en diferentes circunstancias. Así reflejamos la imagen de Dios.

Jesús fue un maestro de la conversación genuina. No necesitó ser agresivo para confrontar, ni condescendiente para mostrar misericordia. A la mujer samaritana le pidió agua, pero la charla tomó otro rumbo y terminó transformando su vida. A Pedro le preguntó tres veces: «¿Me amas?» para restaurar su corazón. ¿Has notado cómo él no fue perezoso para dejar temas abiertos?

La escucha activa: presencia, atención y corazón

La escucha activa es mucho más que esperar tu turno para hablar; es estar presente, con todos tus sentidos atentos y enfocados en comprender a la otra persona. Stephen Covey, autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, resalta que la mayoría de nuestros esfuerzos por mejorar las habilidades de comunicación se centran en leer, escribir y hablar, pero muy poco en desarrollar la capacidad de escuchar la opinión del otro.

Santiago 1:19 nos dice: Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. Esta es la base bíblica de la escucha activa. Fíjate en el orden: primero es escuchar y luego hablar, no al contrario.

¿Cuántas veces interrumpimos al otro porque creemos saber lo que va a decir? ¿Cuántas veces preparamos una respuesta mientras la otra persona aún está hablando? Santiago nos invita a disponer nuestra mente y nuestro corazón para escuchar las palabras del otro.

Permanecer presente: tiempo, mirada y conexión real

Permanece presente. Una conversación genuina requiere personas conectadas, que se miren a los ojos y estén presentes mental y emocionalmente en el momento. La desintoxicación digital temporal es clave.

Piensa en esto: cuando compartes una conversación profunda, estás ofreciendo tu recurso más preciado: tu tiempo. Algo no renovable, sin precio, pero con un valor infinito. Estás entregando pedazos de tu vida; esa es la verdadera moneda de cambio en las relaciones importantes.

Decidir animar con sabiduría

En Proverbios 25:11 leemos: Las palabras dichas a tiempo son como manzanas de oro con adornos de plata. Es decir, una conversación genuina es una oportunidad para dar un consejo, decir una verdad necesaria revestida de amor o, incluso, levantar el ánimo. Así nos apoyamos y cuidamos mutuamente.

Cultivar empatía y hablar con gracia

Cultiva empatía. Tratar de alinear tus emociones con las del otro los conecta y te permite entender mejor lo que te está comunicando. No todo se trata de ti; a veces se trata de quien tienes al lado.

Gracia en los labios. En Colosenses 4:6 se nos dice que nuestras palabras deben ser amables y buscar el bienestar de quien las escucha: Hablen siempre de cosas buenas, díganlas de manera agradable, y piensen bien cómo se debe contestar a cada uno. No se trata de decir cualquier cosa, sino de hablar con propósito y con consideración.

Valorar el silencio

Valora el silencio. Los silencios no tienen que ser vacíos incómodos que hay que llenar con ruido. Son oportunidades: un silencio bien ubicado da tiempo para que el otro reflexione, piense, desarrolle su idea o sienta que le estás escuchando. Es otra forma de decir: «Te entiendo, continúa».

TIPS PRÁCTICOS

Tip #1. Usa la regla del 100 %

Enfócate exclusivamente en la persona con la que estés hablando. Dale Carnegie, autor de Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, enseña que el principio fundamental de la comunicación efectiva es mostrar interés genuino por los demás. Así que guarda tu teléfono. No lo pongas boca abajo en la mesa: guárdalo. Haz contacto visual y deja que tu lenguaje corporal diga «te estoy escuchando». No hay nada más incómodo que intentar tener una charla con alguien que está de cuerpo presente, pero con la mente perdida en algún lugar del vasto universo.

Tip #2. Haz preguntas abiertas

No respondas con monosílabos; deja de lado el «sí» y el «no», eres mejor que eso. En su libro Técnicas de escucha activa: 30 herramientas prácticas para perfeccionar tus habilidades comunicativas, Nixaly Leonardo explica que las preguntas abiertas son herramientas poderosas para profundizar en las conversaciones. En lugar de preguntar «¿qué tal tu día?», pregunta «¿qué fue lo más interesante que te pasó hoy?». Es una pregunta que invita a la otra persona a dar un poco más de sí para responderte.

Tip #3. Valida antes de responder

Reconoce el sentimiento de la otra persona antes de dar una opinión o un consejo. Stephen Covey llama a esto «escucha empática», el nivel más alto de escucha. Según Covey, es poderosa porque te brinda información sobre la cual construir una conversación con verdadera conexión. En lugar de quedarte en tu realidad y situación, estás trayendo los pensamientos y sentimientos del otro a tu mente.

Si alguien te comparte una dificultad, no te apresures a enumerar múltiples soluciones. Primero puedes decir algo como: «Puedo entender cómo te afecta». Este simple acto de validación abre el corazón de las personas y les hace sentir escuchadas y comprendidas. Al compartir algunas emociones con el otro, la conversación gana en honestidad y calidez.

Dos pasos para comenzar

1. Piensa en dos o tres personas con las que quieras conectar.
2. Practica la curiosidad genuina y aplica lo que te hemos contado antes. Verás cuánto se enriquecen esas relaciones.

No te limites a teclear, atrévete a conversar

El valor de la conexión está más allá de las pantallas; se construye con la palabra hablada y escuchada, no con mensajes de texto. Recuerda que fuimos creados para conectar. La conversación y su poder genuino no han desaparecido: solo debemos practicar un poco más con aquellos con quienes queremos estrechar lazos. Decide proteger el arte de la conversación. No te limites a teclear, atrévete a conversar de verdad.

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