Evan Craft lanza La milla extra

Por: Andrés Cabezas

Evan Craft, el cantante estadounidense enamorado de la cultura latina, comparte en La milla extra la historia real detrás de su música, su fe y su misión de servir a otros. Desde sus días como misionero en México hasta su travesía en bicicleta por Sudamérica, Evan nos inspira a perseverar, sanar y vivir con propósito.
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Evan Craft: un artista que vive lo que canta

Hay artistas que no solo trascienden con su música, sino con la manera en que viven lo que cantan. Ese es el caso de Evan Craft, un estadounidense que encontró en la cultura latina un hogar para su fe, su propósito y su misión. Aunque muchos lo conocimos gracias a los covers en español de canciones de adoración que compartía en redes sociales, su historia va mucho más allá de la música.

Un corazón latino y una misión de amor

Con apenas 20 años, Evan se aventuró como misionero en México y descubrió que amar a las personas no se trata solo de palabras, sino de acciones concretas. Aprendió español, convivió con comunidades vulnerables y desarrolló una pasión profunda por la población latina: inmigrantes, personas sin hogar, familias en dificultad o con discapacidad. «Es fácil decir que amas a la gente, pero aprender su idioma y compartir tiempo con ellos es ir más allá», nos dijo en entrevista.

Ese «ir más allá» se convirtió en la misión de su vida. Lo que pocos saben es que, mientras recorría países de Latinoamérica, Evan también encontraba sanidad en su corazón. En medio de heridas familiares, recibió abrazos sinceros, puertas abiertas y hogares que lo hicieron sentir parte de algo más grande. Esa gratitud quedó plasmada en la conocida canción Mi casa es tu casa junto a Alex Campos, una declaración del amor que Evan siente por estas tierras.

La travesía que lo marcó para siempre

La verdadera aventura llegaría en 2018, cuando decidió recorrer en bicicleta más de 1.800 kilómetros desde Viña del Mar, Chile, hasta Buenos Aires, Argentina. No lo hizo por turismo ni por un reto personal, sino para recaudar fondos destinados a comprar prótesis para dos atletas paralímpicos venezolanos. Durante meses se preparó físicamente, reunió a un equipo de amigos de distintos países y emprendió el viaje que lo marcaría para siempre.

Esa travesía inspiró la canción La milla extra, pero también dejó en él una huella tan profunda que, siete años después, dio vida a su primer libro, también titulado La milla extra. Publicado en inglés y en español, el libro viene acompañado de un mini documental exclusivo donde Evan comparte el significado de ese recorrido y lo que aprendió en cada pedalazo.

Una lección de perseverancia y fe

Más que una crónica de viaje, La milla extra es un llamado a enfrentar los procesos difíciles como parte del plan de Dios. Es una lectura que invita a la perseverancia, a ver las adversidades desde una nueva perspectiva y a descubrir que, en medio de los retos, Dios puede transformar no solo las circunstancias, sino también nuestro carácter.

«Si quieres crecer, no puedes evitar el dolor. Si quieres que tu fe se fortalezca, no puedes huir de las pruebas», afirma Evan. Con un estilo transparente y cercano, comparte que la perseverancia no es una carga, sino una oportunidad para ser perfeccionados.

Un mensaje que se vive, no solo se lee

Y si el libro abre una puerta hacia su corazón, la Master Class que ofreció recientemente en la iglesia El Lugar de Su Presencia terminó de confirmarlo. Allí, Evan no solo habló de su experiencia, también respondió preguntas, firmó libros y compartió con quienes lo han acompañado durante años en su música. El encuentro demostró que el mensaje de La milla extra no se queda en el papel: es un estilo de vida.

Evan Craft sigue siendo ese «gringo enamorado de la cultura latina», pero hoy también es un autor que nos reta a vivir con fe, a servir con pasión y a descubrir que la vida tiene más propósito cuando dejamos de pensar en nosotros mismos y decidimos recorrer esa milla extra por otros.

Entrevista: la milla extra detrás del propósito

¿Por qué crees que deberíamos vivir fuera de nuestra zona de confort? ¿Por qué lo propones en tu libro?

Yo creo que no es malo tener confort o estar cómodo, pero si eso se convierte en un dios en tu vida y no te permite vivir plenamente o hacer cosas importantes, entonces ya es un ídolo. Cuando escribí la canción Nunca más atrás (en inglés Comfort Zone), pasé por un momento así. Le decía a Dios: “Quiero volver a mi casa, a mi cama, a mi almohada, a mi comida…”. Y sentí que él me respondía: “No vuelvas atrás. Mira todo lo que te estoy dando. ¿Quieres dejarlo por tu almohada?”. Ahora viajo con mi almohada y ya (risas). Sin embargo, cualquier cosa que valga la pena hacer será incómoda. Si quieres subir una montaña, es incómodo. Correr una maratón también lo es. Empezar una iglesia, ¡súper incómodo! Pero si quieres dejar una marca o un legado, tienes que salir de la zona de confort.

Después de todas tus aventuras y de todo lo que viviste, que nos cuentas en el libro, ¿qué significa propósito para ti?

Es un buen momento de mi vida para preguntarlo, porque ahora soy papá y esposo. Ya no tengo el tiempo, la energía ni la libertad que tenía antes. Hoy mi propósito es servir y amar bien a mi esposa y a mis hijas, pero también enseñarles. Le decía a mi esposa: “No quiero simplemente tener una carrera musical, ¿cuál es el propósito?”. Y creo que, si le quitamos a la gente la oportunidad de servir, viviríamos encerrados en un castillo. Necesitamos algo tangible que nos permita servir: a los huérfanos, a las viudas, a la gente marginada… Eso es lo que queremos enseñarles a nuestras hijas. Nuestro propósito en Cristo es hacer algo que vaya más allá de nosotros mismos.

¿Te refieres a que el propósito también cambia en cada etapa de la vida?

Sí, claro. Ser papá cambia tu propósito. Antes podía cambiar de rumbo fácilmente, pero ahora tengo que definir qué estoy haciendo, cómo voy a ayudar y cómo voy a enseñar a la siguiente generación de mi familia. Mis hijas son esa siguiente generación, y necesito ser un ejemplo para ellas, como lo fue mi papá para mí. Él sirve a las personas sin hogar, tiene un albergue, y crecí en una familia con la cultura de ayudar a quienes tienen menos. Mi propósito ahora también es establecer esa misma cultura en mi hogar.

El ejercicio como parte del propósito

En el libro hablas del proceso que fue para ti llegar a Ciclo Vida. ¿Cómo influyó el ejercicio en la construcción de ese propósito? ¿Cómo te cambió físicamente?

Por ejemplo, cuando montas bicicleta en Medellín, subiendo Las Palmas, hay carteles que dicen: “Ya casi llegas”, “Visualiza la meta”, “Esfuérzate”… Son mensajes que te animan a seguir. Hacer algo físico cada día, como ir al gimnasio, te motiva a hacer más. Es como la ley de la inercia: lo que está en movimiento tiende a seguir en movimiento. El ejercicio me ayudó a tener más confianza en que podía cambiar el mundo y dejar una marca. De otra forma, habría estado en mi sofá pensando “quiero cambiar el mundo”, pero sin moverme. En cambio, estando afuera, conociendo gente, invitando y siendo invitado, todo empezó a fluir.

Liderazgo, madurez y propósito

En el libro cuentas que varios miembros de tu banda anterior te dejaron solo, y al mismo tiempo estabas tratando de formar una nueva banda y un nuevo equipo de ciclismo. En ese proceso desarrollaste habilidades de liderazgo. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

Cuando la banda se fue, me enojé mucho, porque pensé que seríamos amigos para siempre. Pero cualquier pastor te dirá: “Los que empiezan contigo no necesariamente terminan contigo”. Cada quien tiene su propio propósito, misión y llamado. A veces no tenemos la madurez para cerrar bien los ciclos, y dos de ellos no lo hicieron. Con el tiempo entendí que el ciclo de ellos simplemente había llegado a su fin. Eso me dejó un vacío, pero gracias a Dios apareció un ingeniero de sonido en Medellín que me dijo: “Yo te ayudo”. Él invitó a sus músicos, que eran excelentes, y así volvimos a tener banda.

Esa experiencia me enseñó que puedo servir a otros y ellos a mí, pero no necesariamente será para siempre. También aprendí mucho sobre cómo tratar a la gente. Este no es mi idioma natal, y a veces, si estaba muy cansado, muy exhausto o no había comido bien, le pude hablar mal a algunos de mis amigos. Lo bueno es que ellos son directos al confrontarme, y muchas veces tuve que aprender a responder con gracia y no con fuerza. Hay momentos para ser firmes, pero la mayoría de las circunstancias no lo requieren.

Un liderazgo con una mano abierta

¿Cómo logras contagiar tu sueño y tu visión a tu equipo?

Tengo otro equipo que trabaja conmigo desde hace casi siete años, pero es diferente, porque ellos no dependen económicamente de mí. Tienen sus trabajos, sus ingresos, y eso les da libertad para decir: “Quiero hacerlo, me emociona, te apoyo”, en lugar de “Necesito que Evan siga haciendo eventos para pagar mi renta”. Así lo hemos manejado estos años. Se trata de elegir bien, conocer el corazón de las personas y liderar con una mano abierta. Si alguien llega o se va, mantén la relación, porque nunca sabes cuándo vas a necesitar ese puente.

Aprender a elegir bien

En el libro mencionas una conversación con Marcos Witt, donde él te dijo que estabas moviéndote demasiado y necesitabas quedarte quieto. Ahí empezó tu etapa de ejercicio. El mensaje de tu libro es “dar la milla extra”, pero muchos líderes se queman por excederse. ¿Cómo encuentras el límite entre la zona de confort y el agotamiento?

Él no me decía “haz menos”, sino “elige bien qué vas a hacer”. Yo quisiera ir al gimnasio todos los días y cantar cada fin de semana en Colombia, Los Ángeles y Nashville, pero hay límites físicos. Marcos me explicó que un carro en primera gasta mucha energía para arrancar, pero una vez toma velocidad, ya no necesita tanta fuerza. Y eso me ayudó a entender que debía elegir bien el equipo que me rodea, para que no sea una carga sino un apoyo. Me di cuenta de que a veces estoy golpeando una pared mientras Dios abre una puerta en otro lado. Entonces, ¿por qué seguir insistiendo en golpear la pared?

Dar la milla extra en la vida cotidiana

En el libro también dices que no todos deben hacer Ciclo Vida ni ser misioneros. ¿Cómo puede alguien con una vida normal dar la milla extra?

Veo esa etapa de mi vida, con tanto tiempo libre, como una bendición. Tenía la libertad de descubrir y aventurarme. Sé que la mayoría no tiene eso, pero todos podemos dar la milla extra. Todos tenemos momentos libres. Si estás en un bus y ves a alguien cargando algo pesado, puedes ayudar. Si ves a alguien solo, puedes invitarlo a un café. La Biblia dice que no invitemos solo a los de alto estatus, sino también a quienes no pueden retribuirte. Eso es mostrar el amor de Dios. Hay oportunidades de servir en la iglesia, en tu casa, en tu trabajo, en tu barrio. Solo hay que abrir los ojos.

Servir en cada etapa de la vida

Finalmente, en el libro hablas de las limitaciones de edad. ¿Qué le dirías a alguien que se siente muy joven o muy mayor para servir o dar la milla extra?

Creo que hay diferentes ministerios para cada etapa de la vida. Tengo 34 años y puedo hablar desde la experiencia de alguien que ya pasó los 20 y la adolescencia. Mi papá tiene 62 y sigue sirviendo con todo su corazón. Marcos Witt tiene más de 60 y sigue haciendo lo que ama. Hay muchos ejemplos. La Biblia dice: “Que nadie te menosprecie por ser joven”. Pero también valoro a las personas mayores. Hoy hablaba con unos jóvenes sobre el reto de encontrar propósito por 100 años, si llegan a vivir 120 o 130 con los avances médicos. Tener 60 o 70 años no te limita, simplemente cambia la forma de servir.

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